Ese espacio incómodo de silencio
que se instala en el alma
y que consume el aire
como una llama que te apaga;
una garra que te exprime,
que te ahoga, que casi te mata.
Ese espació que roba tus canciones,
tus imágenes y colores,
tus sonidos y tus cantos,
donde existen tus sirenas y delfines.
Ese espacio incómodo de silencio
que instala la oscuridad en mitad del sol;
que retiene al viento atrapado en una caracola;
que confunde a los mares y a las auroras;
ese espacio que te roba el sueño y el movimiento,
la paz, el dolor y también el sufrimiento;
ese espacio incómodo de silencio
que partió en dos tu cometa en mitad del viento.
Ese espacio,
que no llenas con tu aliento,
con tus latidos y tu tiempo;
con tus sonrisas y caricias,
con el amor de prisa,
montando delfines y sirenas
en los mares de mis sueños
de mis noches en vela.
Ese espacio incómodo de silencio,
es el que hace nacer mis penas.


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