sábado, 19 de diciembre de 2015

NOSTALGIA






La nostalgia puede ser
un arma de doble filo,
puede herir tu corazón
y el de quien recibe tu lamento.

La nostalgia brota
como una lágrima incontenible,
como una emoción desbordada,
que hace que el corazón
se vuelva locuaz y atrevido.

La nostalgia puede ser traicionera
y me haga anhelar 
aquello que no quise y que no tuve,
deseando tenerlo ahora
cuando la soledad me hiere.

La nostalgia no es amiga ni compañera,
es un dolor vestido de ángel
que quiere arrastrarte a la desdicha
de la vida en blanco y negro.

La nostalgia te hace decir cosas
desde ese dolor, desde esa herida,
de las que te arrepentirás un día.

Entiendo tu nostalgia amada mía,
como entiendo tu dolor, tu desdicha y melancolía...
como entiendo las palabras
que se escriben desde la agonía...
como entiendo al corazón que quiere ver un árbol
donde refugiar su melancolía
para sanar su herida de tantas horas vacías.

Escuché tu nostalgia
que dejó escapar las aves de los sueños y poesías, 
de promesas e ilusiones,
que parecen más una canción sin melodía.
Escuché tu lamento de las horas vacías,
y me permití soñar contigo de nuevo,
como aquel día. 

Y seguiremos soñando
hasta donde nos de la vida amiga mía,
porque lo tuyo y lo mío
sólo en sueños se daría.






martes, 26 de mayo de 2015

INTENTANDO RECORDAR (Un beso gordo)







Sentado en el balcón

de mi triste corazón,

con los pies colgando

como los de un chicuelo,

intentando recordar

la primera vez que me dijiste te amo,

y me estampaste un beso gordo

en la mejilla….



Una lágrima cae al vacío

y se estrella en el recuerdo

oculto por los años que he crecido,

que no me dejan alcanzar

ese momento de mi vida

que yo sólo quiero recordar,

tus ojitos de aceituna en los míos

diciéndome ¡cuánto te amo!



Miro mis zapatos desabrochados,

mis calcetines grises desvencijados,

mis piernas delgadas como cañuelas

Y mis pantalones cortos como mis años,

esperándote en el balcón

de mi corazón destrozado…



Hoy día comprendí,

sentado en aquel lugar,

que tus caricias y tus besos disfrazados

de retos y regaños,

eran porque querías

que atara mi cordones

para no andar a tropiezos en la vida,

pisando entre carbones encendidos

de un tren que me llevara por otra vía…



Sentado en el balcón

de mi triste corazón,

con los pies colgando

como los de un chicuelo,

veo mis cordones amarrados

y tu mano que me guía

tranquila por la vida,

porque supiste que entendí

que tus retos y regaños

no eran más que un montón

de corazones disfrazados



Sentado en aquel balcón,

hoy te puedo decir adiós,

porque sabes que tu niño ya ha crecido,

que usa pantalones largos,

que lleva abrochado sus cordones,

y que te puede acompañar a la salida,

feliz de haberte tenido como madre en esta vida.


Pero antes de partir,

déjame un beso gordo como el que me diste

El primer día.


CUANDO CAE EL TRONCO




Voy de vuelta a Santiago con el alma cargada de pena, por lo tanto regreso un poco más humano. Nos abrazamos con mi madre expirante durante un tiempo que no podría definir. Nos besamos en los labios, en la frente y también nuestras manos. Lloramos, y nos agradecimos haber compartido esta experiencia de vida juntos. Nos dijimos, no sé cuantas veces, lo mucho que nos amamos. Con sus ojitos llenos de lágrimas me pedía que me quedara y con los míos inundados de pena, le explicaba que no podía, que tenía que volver a trabajar. Nos abrazamos por un buen rato en silencio y pude sentir cada uno de sus huesitos forrados en una frágil capa de piel.


Pienso en todo mi proceso y en lo que cuesta convertirse en una buena persona, de esas que sólo
tienen tiempo para amar. 

Hoy abrazado a mi madre me di cuenta que ella había sido ese modelo del que me formé. Gracias a ella mi proceso fue intenso y edificante. Si no hubiera enfrentado mi obscuridad nunca habría encontrado mi luz, y ella tuvo que ser muchas veces mi obscuridad. Sólo así pude encender la luz y a partir de allí, entender la vida con una actitud de amor, entusiasmo y paz, para poder practicar el perdón y el perdonarse. Ese fue el regalo de mi madre, saber permanecer en la sombra para que yo encontrara mi luz.


Camino al aeropuerto mi hija posaba su mano en mi pierna y me consolaba, cuando debió ser al contrario. Ella, con una generosidad ilimitada se encarga de su abuela. La baña, le da sus remedios, cocina para ella, corre al hospital, entre todo se da el tiempo para trabajar y para ir creciendo como mujer. Mi hija me enseñó tantas cosas en este viaje, fue una maestra de vida. Esta gran mujer tiene tanto amor que a veces la pasión la desborda y arremete contra los hombres que somos más bien torpes en estos asuntos. No nos preocupamos del amor que tienen que inundar la habitación de alguien que se está despidiendo de la vida. Siempre he creído que toda madre DEBE tener una hija. Ellas trabajan mejor el amor que los hombres.



He meditado sobre cada cosa vivida esta semana junto a mi madre. Conversamos de la vida y de la muerte; de lo humano y de lo divino. Recordamos viejas historias y nos reímos un buen rato. Y acordamos en que me vendría a buscar cuando me pusiera "viejito senil". Hubo mucha ternura entre los dos; nuevamente nos sentimos cómplices y amigos. 

"Pelamos" a medio mundo y volvimos a reír otro rato. A veces dormitaba y yo le acariciaba sus blancos cabellos. A veces ella se hacía la dormida para que yo la acariciara nuevamente. No soltaba mi mano mientras descansaba, y si intentaba moverme para ir al baño, ella me la apretaba, como diciendo: "no te muevas, te necesito aquí conmigo"

No sé si la volveré a ver en este plano. No sé cuánto durará su agonía, espero que poco, porque está sufriendo.


Ella es el tronco de esta familia. Creo que cuando cae el tronco, las ramas se dispersan. Todo se
desmorona y cada quien, "las ramas", comienzan a tomar su propio rumbo; caminos, que a veces distancian, y que sólo lograba unirlos la madre, "el tronco". Su figura es principal en cualquier historia. Ella es la columna que sostiene el templo de la familia unida. Al caer el tronco, y de manera natural, cada rama se convierte en la matriarca o patriarca de su propio tronco; se vuelve columna de su propia familia. Y así se inician nuevos procesos de vida, otras historias que ramificarán el gran tronco de la vida y que tendrán un desenlace similar a todas, como el de mi madre.





Vuelvo con una gran pena en el alma, porque de algún modo sé que ya no la volveré a ver en este plano físico. Ahora permanecerá por siempre en mi corazón. 

Hoy soy el patriarca de familia, ese tronco que verán caer mis hijos algún día. 



miércoles, 20 de mayo de 2015

DESVARIANDO EN LAS ALTURAS

El avión se zangolotea a cientos de metros del nivel de la tierra, donde yo debería estar ahora, sin embargo voy montado en este cilíndrico transporte que acorta las grandes distancias que hemos construido entre los nuestros.


La sola advertencia de que mantengamos nuestros cinturones ajustados por probables turbulencias, me descompone. Ellos insisten en la turbulencia "ligera"; para mi es un camión de los 50 que, dificultosamente, transita sobre caminos de tierra.Escribo esto y seguimos con la zumba.



Mi colega Fernando Zolabarrieta, se acaba de mudar al asiento número dos. Lo ataca la impaciencia por querer bajar rápido de los aviones y hoy nos tocó sentarnos a la cola. Compartimos algunas experiencias con respecto a su salida de TVN y de su regreso a la radio que nos cobija, la mejor, la BIO BIO. Nos despedimos y quedamos de vernos. Yo regreso a mi escritura.


La turbulencia "ligera" no para de acompañarnos. Debe ser normal para este tiempo de otoño. Fuertes vientos transitan a más de 400 kilometros por hora y nosotros entre ellos, metidos en este "tubo" que se me asemeja a un dentífrico, desafiando todas las leyes naturales, suspendidos a miles de metros en la estratósfera. Me tomo otro cuartito de Clonazepam para "soportar" el pánico que me ataca cada vez que subo a un avión, algo que me parece tan anti natural.


Me imagino como debe ser esto "allá" afuera, en el espacio infinito. Todo girando a velocidades
inimaginables. Nuestro planeta girando sobre sí mismo a miles de kilómetros por hora y nosotros en esta "vaina" luchando con los vientos que eso provoca. Imagino a la velocidad que gira al rededor del sol y me espanto. No quiero saber cómo el sol gira o a qué velocidad lo hace alrededor de otros sistemas solares. Ya estoy muy mareado de sólo imaginarlo. Somos tan pequeños para tener conciencia de todo ello, entonces se convierte en trivialidad. Como nos parece trivial comer, cantar, bailar, hablar, etc. Y créanme que no lo es.


A pesar de todo, mi corazón está en paz. Primera vez, que viajo de regreso a Antofagasta, y tengo todo tan claro. Voy a devolverle estos miedos panicosos a su dueña, de,quien los heredé hace ya más de media vida. Voy a devolverle sus angustias y sus llantos, sus temores y ansiedades y a darle las gracias de habérmelos prestado ya que sin ellos no me podría haber entretenido en esta vida como lo he hecho.


Voy a sentarme a su lado y la escucharé por horas. Quiero que me hable de mi infancia, del embarazo que me trajo al mundo, del padre que escogió para mí, de los errores que cree haber cometido, de los éxitos que disfrutó en su vida, y quiero que me los cuente no porque no me sepa todas y cada una de estas historias, sino porque quiero que ella se escuche y sepa agradecer todo lo que hizo en esta vida, porque eso, los recuerdos constituyen el único equipaje que se llevará a ese otro destino, del que conocemos nada o casi nada.



Las últimas investigaciones de los expertos han coincidido con el Dr. Rick Strassman que sugiere una hipótesis fascinante: que el alma humana encarna en el cuerpo en la séptima semana después de la concepción, utilizando la glándula pineal como canal espiritual. Esa luz, el alma poderosa, que viene de la perfección, de la felicidad, amor y paz eternos, a conocer y jugar en la vida con el drama, el dolor, el sufrimiento, a conocer las lágrimas, el arrepentimiento y el perdón. Olvidamos tanto ese gran poder y, entonces crece tanto nuestro ego, (sin él no podríamos vivir este juego), que cuando vamos de salida nos llenamos de miedo. Creemos que la muerte del cuerpo es la muerte del espíritu, porque hemos olvidado que es eterno. Voy donde mi madre para que recuerde la luz poderosa que es, para que encuentre esa puerta por la que ingresó al juego y entonces volverá la paz a su corazón.



El avión no para su zangoloteo, la "turbulencia ligera" nos ha acompañado todo el trayecto, pero la verdad ya no me importa, porque al ver la luz de mi madre y al recordar que muchos de estos miedos panicosos los heredé de ella para jugar mi vida, hace que comprenda que hoy vengo a devolvérselos, no sé si todos, creo que me quedaré algunos para jugar un rato más todavía. No se puede jugar el juego de la vida sin miedo al riesgo que es lo que provoca la adrenalina. Para la eternidad, el amor incondicional, la felicidad eterna, para ello está la muerte.


Quien teme a la muerte no es la luz, porque ella se sabe eterna y poderosa, la partícula de Dios. Quien teme a la muerte es el EGO, porque sabe que no trascenderá a esta experiencia y eso lo asusta, le duele, lo evade a través del llanto. Y confabula a todos los Egos a su alrededor para que participen de su temor y cual plañideras, hacen coro de su pánico a dejar de existir, y el dolor se vuelve patéticamente irresistible y cobra forma de figuras siniestras como el celo, la competencia, el llanto dramático, los conflictos, el "rasgar vestiduras", el lanzarse tierra sobre el cuerpo, que no son más que EGO revolcándose en su dolor como el aguijón de la abeja que palpita en un vano intento de continuar su existencia. También existe el llanto del espíritu, pero ese es en silencio, en paz, en amor, porque sabe que se reencontrarán un día.



Hoy vengo a ver la luz de mi madre. Vengo a conectarla con su espíritu y para eso deberá mirar a su EGO a los ojos y pedirle que la deje en paz, y deberá pedírselo con cariño, con amor, porque él le permitió la maravillosa vida que construyó, pero que ahora debe dejar paso a la luz, para que pueda perdonarse y perdonar y revisar lo que aprendió de esta experiencia para ingresar esos datos a la gran consciencia universal, porque en el fondo no somos más que Dios conociéndose a sí mismo.


Hoy vengo a ver la luz de mi madre, vengo a conversar con ella, vengo a agradecerle que no haya roto ni un sólo pacto que establecimos previo a la vida, antes de venir a este planeta a jugar los roles establecidos en esa eternidad. Fue la madre que juró ser cuando allá, en el espacio infinito del amor universal, nos pusimos de acuerdo, por ejemplo, en cuánto nos haríamos sufrir, pero que jamás olvidaríamos que esto es sólo un juego.


Hoy vengo a ver la luz de mi madre, con la paz en el corazón.

lunes, 4 de mayo de 2015

La despedida, un momento de dolor.



Mi gran Maestra de vida, la Yoya
Los sistemas de creencias, los patrones culturales con los que la sociedad nos educa, nos uniforma y aprendemos a responder, de manera automática,  frente a circunstancias que no son más que procesos establecidos por el universo en su camino auto destructivo, cambiante, y que de alguna manera, nos hace entender que es así como es la vida. La visión que se nos instala y que busca cambiarla a "nuestra pinta" es cuando el Ego hace su irrupción más profunda y termina por establecer que esa manera en que él ve la vida es la verdad absoluta y determinante. De allí tanto dolor en el momento de la despedida.


"Morir quisiera, morir morir" cantaba mi Omama. Yo tenía nueve años y la seguía silenciosamente al living donde mi Omama se sentaba cada tarde a tocar el piano, cosa que hacia de maravillas, y a cantar sus romances que, en sus años de mozuela enamorada, le había dedicado hace tanto tiempo a su viejo Waldemar, mi Opapa. A mi corta edad yo sabía que esa música se apagaría un día y que esa voz se extinguiría en un grito disfónico de una aparato desvencijado por el paso de los años en el proceso inexorable del envejecimiento que concluye con la muerte. Ya sabía de la muerte. La conocí de pequeño cuando desmembraba a los saltamontes y cuando degollaban a los corderos y mataban a las gallinas. Macabras escenas que se endulzaban con las notas del piano que cada tarde la Pinita le arrancaba a esas cuerdas destilando nostalgia.
Mi Omama Pinita y mi Opapa Waldemar



Que todo se acaba, que todo trasmuta, que todo cambia, eso, lo supe desde muy niño. A mis seis años había perdido a mi padre, y también a un par de perros que jugaron el rol de amadas mascotas, aunque una de ellas casi me arrancó un ojo. Entendí que la muerte es la salida obligatoria a esta experiencia humana. Entendí que no hay una vía alternativa o un escape a ese destino. Este es una senda que todos en algún momento comenzamos a caminar, como "La milla verde" de Stephen King. Todos esperando la muerte. Pero allí, al menos en occidente, comienza otro proceso, un proceso enfermizo, el deseo de eternizarnos.


Primero fue la fuente de la eterna juventud codiciada hasta la locura en 1513 por el español Juan Ponce de León; algunos ritos macabros de sectas oscuras que buscaban la eternidad; la cosmética ofreciendo prolongar la juventud a través del rejuvenecimiento de la tersura de la piel; la cirugía plástica con grandes aciertos y horribles desaciertos; La farmacéutica que ha logrado, junto a la medicina, prolongar la vida de los seres humanos a costos muchas veces patéticos y patológicos.



Luchamos contra la idea de la muerte y descuidamos el propósito de la vida.






Ver a mi madre convertida en huesos y pellejos fue fuerte. Esa mujer de carácter, hermosa, siempre "rellenita", llevadas de sus ideas, "cabrona" hasta el cansancio, por el "bien" de todos los otros que no eran ella, desapareció tras dos ataques silenciosos al corazón, después de eso nunca más dejó de entrar a urgencias del Hospital Militar de Antofagasta y hasta hoy, que aún no ha logrado salir. "Tu madre ya no sirve para nada", fue la frase llena de frustración con la que me recibió, a lo que yo respondí: "todo es como tiene que ser, no hagas juicios que sólo te encadenarás al sufrimiento, vas a estar bien". No me creyó.


Los días que estuve con ella, mostró un mejoramiento. Los calmantes y la pastilla para dormir, hicieron maravillas, conversó conmigo toda esa tarde de domingo, hasta que llegó la hora de despedirse. Yo debía volver a mis labores en la capital y ella soltó un llanto que fue desgarrador. Ella tiene la certeza no me volverá a ver otra vez y yo también, al menos en este plano terrenal. Me abrazó y me acarició de tal manera que tengo sus manitas acariciándome grabadas en el alma y aún siento sus manitas deslizándose por mi espalda y en mi oído su hermosa voz diciéndome incansables veces: TE AMO. Le pedí que me mirara y que viera en lo que me he convertido, en una buena persona y le dije: "esto fue lo que tú hiciste, te puedes sentir satisfecha, lo que querías para tus hijos, lo has logrado, yo y mi hermano somos buenas personas, así que has cumplido con creces tu misión". Y la besé, mucho rato, con muchos besos, devolviéndole cada uno de aquellos que grabó en mis mejillas infantiles y que uno pronto olvida. Pude abrazarla bastante, a lo mejor no lo suficiente, ella me abrazó en su vientre por tanto tiempo y yo sólo le dí tres días de mi agenda.
La Yoya y sus hijos.

Pero sé que su luz recorrerá esas otras dimensiones de este vasto universo que hoy nos están vedadas. Recuperará todos aquellos poderes que dejó guardados para poder venir a jugar esta experiencia llamada vida. Se llevará increíbles tesoros como el sacrificio, el abandono, el sufrimiento, la bondad, la humildad, la generosidad y tantas emociones que sólo pueden ser vividas en esta dimensión. También conoció la parte más oscura de su ser: la ira, el enojo, la agresividad, yo la ayudé bastante en esa parte de su experiencia. 

Cuando soy capaz de conectarme con el "sonido" del silencio, entonces me conecto al espíritu y entonces tengo la certeza de todo lo que escribo.

Cuando mis vibraciones son bajas, entonces me instalo en el EGO y aparece de dolor de la despedida, por que es el Ego el que tiene miedo a desaparecer, a no ser eterno y lo sabe, porque él no está invitado a ese viaje dimensional, él sólo existe para que podamos jugar esta maravillosa experiencia llamada vida y cuando esta termina, él también.

Yo despediré a mi madre con alegría en el corazón y con mucha gratitud por haberme permitido jugar con ella este juego, de otra manera no podría ser quien soy. Solo amor para mi gran MAESTRA DE VIDA.

domingo, 3 de mayo de 2015

Crónicas de un viaje especial, un viaje al corazón de mi madre.




Aquí voy, camino al aeropuerto, en un bus tomado en la estación Pajaritos del Metro, todo porque a mi ex se le ocurrió que debería ahorrar lucas para el regreso de mi viaje, que será de madrugada. Ella, mi ex, tiene un sentido especial de la administración que de haberle hecho caso cuando no era mi ex, tal vez hoy sería un tipo acaudalado y aún con familia.


"Tú madre está enferma y tienes que ir a verla", sentenció la Clau. Yo soy un tipo más bien egocéntrico, todo gira en dirección a mis compromisos, mis deberes y necesidades, pero la frase determinante dicha por Claudia, instaló a mi madre en mi mente y entonces pude ver lo que ella necesitaba: mis manos, mis brazos, mi amor, que la sostuvieran, la contuvieran en sus temblores del pánico que le producía la sola idea de morir.

Hasta ese momento sólo había mirado el mundo desde mis creencias sin respetar la de otros. Y no es que uno ande cediendo a los caprichos o necesidades de las vidas de otros, sino que uno debe ser capaz de entender que a veces los otros tienen miedo, muchos en realidad. El miedo los vuelve niños y necesitan ser contenidos. Yo, más que nadie, tenía que contener a mi madre, porque nuestras historias cruzadas resultaban emocionantes, aventureras, cómplices y lo más importante: ¡divertidas!


Ya estoy instalado en el avión cosa que no me agrada, ni siquiera un poquito. Voy a pensar en aquellas historias cómplices para olvidar el vuelo. Separarme del suelo es una experiencia psicológica emocional traumante: ¡¡No soy gato okeyyy!! Es por esto que viajo poco y estoy consciente de todo lo que me he perdido del mundo y sus maravillas, pero también sé que me he ahorrado muchas gastritis, ansiedades, angustias y anginas de pecho, lo que se traduce en crisis de pánico ¿De dónde me viene todo este tipo de cosas? ¡De mi querida madre pues! De ella heredé el pánico que hoy lo he reducido a su mínima expresión con un Irish Coffee antes de abordar. El pánico de mi madre es más importante que el mío.

Recuerdo hilarantes persecuciones infinitas en un vano intento de mi progenitora por castigarme. Mi madre con el cinturón de cuero blandiéndolo en el aire cual espada de Samurai de comedia, me perseguía para darme una dosis de chinchorrazos ganados con las "maldades" cometidas durante su ausencia, pero que mi abuela materna y mi tía, la hermana gemela de mi madre, se encargaban de anotar en un lista que le entregaban cuando ésta volvía del trabajo. Por alguna razón, ella tenía que demostrarle a su madre, la matriarca, que estaba a cargo y que podía dominar, corregir y educar, finalmente, a estos pequeños monstruos. El tema aquí era que, "patititas para que te quiero", "volaban" alrededor del patio incansables e inalcanzables y mi madre, agotada bufando como una yegua, terminaba por desplomarse en una desvencijada silla olvidada por allí en algún rincón de aquel patio, que para mi era la arena del Coliseo, donde cada tarde derrotaba al gladiador que buscaba castigar mis travesuras de niño.

Y aquí voy, volando a miles de metros de altura y mi corazón se bambolea estrepitosamente al menor sacudón de la nave. Mi oídos se tapan, debo tragar saliva para descongestionarlos y eso es porque ningún ser humano debería estar aquí:¡NO SOMOS PÁJAROS! 
Pero en fin, esta es la única manera de llegar lo más rápido al lado de mi madre, más aún cuando en este momento ella sueña con un abrazo de su hijo ya que su gran temor es no volver a verlo nunca más. Yo el miedo lo tuve de pequeño y ella con todo el amor del mundo abría las cobijas de su cama para contener mi miedo y su respiración era como el ronronear de un gato que calmaba los latidos de mi corazón. ¡Cómo quisiera que estuviera aquí para que me sostenga el corazón que se me agita como loco cada vez que al piloto se le ocurre pasar por nubes como calaminas que nos hacen sacudirnos como si estuviéramos bailando, pero sin música, o peor, como si fuéramos un viejo camión desvencijado transitando por caminos irregulares. 

El vuelo avanza y me sobresalta pero mi mente se refugia en el tiempo de mi madre ¡Tengo la mejor madre del mundo! Siempre hizo lo que tenía que hacer, casi por intuición. Castigaba duramente nuestros yerros como lo aprendió de sus mayores y lo hizo con el corazón apretado, pero con la fuerte convicción de eso era lo mejor para nosotros, y lo fue. Es la más divertida de todas. Si hay algo más que el amor de mi madre que siempre estará conmigo, es su risa. Estertorea, sincera, generosaI, divertida, contagiosa, tan fácil como su alegría de vivir, algo que siempre admiré en ella. No le tocó fácil a mi madre, por el contrario, fue abandonada por su centro de estabilidad emocional: su familia, se las rebusco para sacar adelante a sus chiquillo con lo único que tenía a mano: su amor de madre.


¿Saben cuántos asados a la parrilla he hecho durante mi media vida? No podría contarlos, sólo sé que son muchos y permítanme decirles que no es necesariamente por el gusto a la carne, ¡no! Cada uno de ellos traía a mi mente emocional los bellos recuerdos de "carne con la mano" que a menudo nos preparaba mi madre durante nuestra infancia. Ella era la verdadera Reina de la Parrilla. Ese juguito corriéndonos por el antebrazo, era el amor de mamá que regalaba a sus polluelos esas tardes de entretención familiar.


Probablemente me demoré en venir a verla. Uno, porque le tengo pánico a los aviones, y dos, soy tremendamente responsable con mis deberes, y tal vez la razón más importante es que este es como un viaje de despedida. El médico que la trata sentenció: "haremos lo que se pueda". Entonces, y ante las reprimendas de mi ex, decidí que debía viajar, y aquí voy, enterrado en la escritura de mis recuerdos con mamá no sé si para "desconectarme del viaje" o para rendirle un homenaje a la mejor madre del mundo: Aurora Judith de Lourdes Cortés Cortés, y no es hija de madre soltera
.


Tampoco fue hija única. Tenía una hermana gemela, ambas tremendamente guapas, de allí que yo salí todo un galán, por lo menos así testimonian algunas amigas de mi historia. Un hermano que murió tempranamente por un alcoholismo avanzado y mi tía Chela que murió de 90 y más y que era igualita a la viejita del comercial del Omo. Mis abuelos también murieron a edad temprana, es más al abuelo Lucho no lo conocí. Era una familia dispersa, allí radica lo disperso que soy y de mi afán de "sembrar" familias por todo Chile, siempre es bueno justificarse en el contexto en que llegaste al mundo. O sea, además soy un cara dura.


Ella soportaba muy bien esta estructura familiar. No es muy sociable. Le gusta estar más en su casa que en cualquier otra parte, aunque esa parte sea París o la bella Venecia. Es feliz en su hogar, cocinándole a los suyos, su eterna manera de demostrar su amor: a través del servicio. Esta "maña" le costó el abuso y la mal crianza de la gente a su cargo, hijos, nietos y bisnieto. Pero a su manera, con sus carachos, con su aparente apatía mi madre amaba como ninguna otra mujer sobre la faz de la tierra y era feliz, se sentía útil y querida. Pasaron muchos años para que yo me diera cuenta de eso. Tuvieron que pasar los suficientes años que me hicieran alcanzarla para entenderla y amarla incondicionalmente
.


Buena para la pachanga la Yoya. Pero tenía un mérito que ya nos lo quisiéramos todos los beodos de este mundo: nunca se emborrachaba, así que después de acostar a los caídos, ella procedía a sus rutinas de limpieza, jamás se acostaba hasta que todo estuviera impecable. Jamás la vi irse a la cama hasta que todo estuviese limpio y ordenado ¡Cómo me habría gustado haber adoptado ese hábito! En mi departamento sólo me ataca el "virus" de la limpieza cuando ya no quedan más platos en que servir y entonces también la recuerdo a ella. Otra seudo justificación emocional a mi "cochina flojera"
.


Tuve la suerte de crecer al amparo de "Saturday nigth fever" y "Staying Alive" y la concreción del concepto discoteque en mi antofagastina "perla de norte". "Le Etoile" y otros recinto vieron nuestro intento de reproducir al personaje Tony Manero y hay que decirlo, en algunos caso una copia bastante patética, ¡cero ritmo! Definitivamente el baile no era lo mío ¿Qué era lo mío? La noche y la bohemia y mi Yoya. A pesar de las crisis de pánico que la acompañaban cuando mi hermano y yo salíamos de juerga, se mordía la lengua y nos daba permiso. Nunca nos negó la posibilidad de divertirnos aunque para ella esa diversión era un tormento que la tenía en vilo hasta que nos veía venir a casa muy temprano de madrugada. Cuando llegábamos con los amigotes, ella no escatimaba esfuerzo y nos servía desayuno con pan calentito que uno de nosotros se encargaba de ir a comprar. Esa era mi Yoya de los 70. Y mis amigos la adoraban, es que la "tía" era súper buena onda.


Soy un alma libre porque he tenido una madre que siempre ha respetado mis deseos de volar. Soy una persona con una inteligencia emocional hoy bastante equilibrada, porque he tenido una madre que me dio cosas en que pensar y cuestionar. Soy muy responsable de todos mis actos y decisiones, porque he tenido una madre que me dejo caerme cuando tuve que hacerlo y me permitió aprender de mis propias experiencia
.Por todo esto, no soy un hijo "mamón", soy un hijo que habla con su madre de igual a igual porque gracias a su manera de amar pude madurar en el camino. Por eso sé que cuando ella inicie su viaje de regreso a la matriz, sólo podré decirle gracias, que ella fue lo que tuvo que ser para que yo sea hoy el que soy. Podré decirle que cada experiencia que viví junto a ella será vista con el amor con que fue creada y que su risa hermosa será siempre mi mejor recuerdo. En cada parte de mí, hay partes de ti, por lo que, aunque digas adiós, no podrás irte, permanecerás en mi hasta que yo me vaya y en tus nietos y bisnietos y permanecerás en todos aquellos que convertiste en "familiares" porque sólo supieron amarte cuando te conocieron.


El avión sigue sangoloteándose y la verdad es que ya no me preocupa tanto. Hemos comenzado ese descenso que hace que mis oídos se tapen. Pero ha sido un viaje feliz, porque he podido revivir cada emoción vivida junto a mi madre amada. Esta experiencia de vida no podría haber sido posible de haber nacido en una matriz diferente. Todos mis miedos, todas mis angustias, todas mis creencias, todos mis juicios y todos mis valores tienen el nombre de mi madre. Ella es el juego que quise jugar. Ella representó lo que yo debía superar.

Mi pequeña Ingeborg, el gran bastón de la YOya

Cuando era niño y generalmente tenía miedo, ella estaba... siempre estaba, para contenerme y cobijarme bajo las frazadas de su cama. Espero mi viejita que cuando te abrace hoy te sientas tan amada como yo me siento cada vez cuando me abraza tú.


Estamos por aterrizar. La tripulación de cabina ha preparado todo para la aproximación al aeropuerto de Cerro Moreno. Allí está mi hija esperándome para partir rápidamente a urgencias del Hospital militar donde está internada mi madre. No sé si se va a recuperar. No sé si ya va a partir, la única certeza que tengo es que la misión de mi madre está más que cumplida, que si se tiene que ir, puede hacerlo en completa paz, supo ser una de esas personas buenas y maravillosas que nos topamos en la vida.


Siempre tenemos que aterrizar en alguna parte, yo estoy por hacerlo en Cerro Moreno. Hace muchos años aterricé en el corazón de mi madre y por los avatares del crecimiento, del camino a la madurez, fui injusto, cruel, duro y muy imbécil con ella como tantos hijos en el mundo, pero con el pasar de los años, entendí que todo eso tenía que ser así, de otra manera nunca habría aprendido a decir PERDÓN.


El avión acaba de aterrizar. Pegué un salto. Ahora sólo quiero abrazar a mamá
.
Mi Yoya en la locura de las selfies

viernes, 3 de abril de 2015

EL MENSAJERO

Cuando el mensaje es escuchado, asumimos que deberemos aplicarlo a nuestras vidas.Eso asusta. Si este mensaje es un "ají en el traste", atacamos al mensaje y eliminamos al mensajero.

Esta conducta humana es axiomática. Es decir, siempre vamos a rechazar aquello que nos muestre nuestro grado de estupidez, de imbecibilidad. .Si analizamos nuestra vida desde lo más micro a lo más macro, veremos que siempre estaremos reaccionando de la misma manera. Es por ello que el camino al infierno está tapizado de buenas intenciones y de buenos mensajes que nos van entregando, durante nuestra formación, todos aquellos que "nos quieren bien". Allí están los consejos de los padres, de las madres, de los amigos y por supuesto, los mensajes de todos los profetas, tapizando el camino al infierno que nos condenamos a recorrer por no creer en sus palabras. Es como clamar a gritos: "sé que me estoy equivocando, pero es mi vida ¡ya!".

¿Cuál era el mensaje de ese que conocemos como Jesús de Nazareth? AMOR. Eso era todo. Amor. Amor del sano, amor del bueno, de ese que no mata; de ese que no da miedo; de ese que no castiga y que no obliga; de ese que es libre; de ese que respeta; de ese que escucha; de ese que libera; de ese que contiene; de ese que no conocemos, porque nosotros "amamos" desde el miedo, desde el EGO.

Y debíamos practicar este amor del bueno en dos direcciones: hacia adentro y hacia afuera. Amarnos y amar. "Ama a tu prójimo como a ti mismo".

¿Cómo sería eso posible? Tendríamos que haber dejado de lado nuestros mezquinos intereses. Tendríamos que habernos olvidado de "mi bien" y luchar por un bien común. Tendríamos que haber luchado por otros y ya no sólo por los "míos"; tendríamos que haber tenido como objetivo el bien de la humanidad, ya no "el mío y el de los míos". Era imposible. Fue más fácil matar al mensajero y atacar su mensaje que habernos amado a nosotros mismos y a nuestro prójimo.

Optamos por darle todo al César y dejarle nada a dios. Optamos por la humillación de nuestros hermanos, por el hambre de nuestros hermanos, por el dolor de la tierra y los animales, por el odio y el egoísmo, por la derrota y la traición, por la desigualdad y la lujuria, por el despotismo y el abuso, por las drogas y la enfermedad. Optamos por la muerte del alma y del espíritu. Eso fue optar por la muerte de dios.




Y se hicieron cargo de su muerte quienes debían propagar su palabra y en vez de unirnos, nos dividieron por el miedo, olvidando también al mensajero y a su mensaje: el amor.

viernes, 20 de marzo de 2015

¡¡¡QUÉ ARDA CHILE MIERDA!!!


No es que no nos importe que Chile arda desde el sur, nos preocupa más la corruptela instalada por la desgraciada clase política que nos gobierna.


No tenemos fuerza para evitar que estos "ladrones y sinvergüenzas"se den la vida de magnates con NUESTROS dineros, menos la tendremos para hacer que estos mercenarios se preocupen de los incendios forestales que están devastando nuestras milenarias araucarias, nuestros bosques maravillosos, nuestros animales y nuestra gente.


No tenemos fuerzas para remecer a los que dirigen los medios para que, por una vez en su existencia, se pongan del lado de aquellos que les han permitido financiar sus "puercas" tribunas desde las que sólo sirven a esa clase política que nos hundirá tarde o temprano en un nuevo conflicto social que puede perfectamente terminar en un nuevo golpe militar.

Nadie ama a este país. No lo aman los políticos ni los empresarios; no lo aman ni los medios ni los periodistas que sustentan dichos medios; no lo aman sus habitante que nos son capaces de organizarse, no sólo para evitar la corrupción, sino para ser capaces de pararnos frente a estos incompetentes y pedirles que nos devuelvan todo lo que nos han robado para poder ayudar a aquellos que hoy están siendo embestidos por tamaña catástrofe.

No amamos a este país porque no amamos a su gente. A los que están en el poder les importó más "forrarse" con el dinero del pueblo, el dinero de los que hacen patria; estos imbéciles que se hacen llamar "políticos", se preocuparon más de pertenecer a la clase que tanto atacaron en los tiempos de la Unidad Popular que gobernar con justicia y equidad.

¡¡Qué arda Chile hasta lo cimientos mierda!! Tal vez así pueda brotar un nuevo Chile. ¡¡Qué arda mierda y que arrase con todos los corruptos!! Y que las madres entierren a sus hijos, como la perra a sus cachorros, para ver si se salvan del fuego purificador y puedan, como la perra, parir a un CHILE distinto.