sábado, 15 de noviembre de 2014

ASADO A LA PARRILLA



Quiero una tarde de asado a la parrilla.

Quiero el olor del carbón impregnando mi ropa.

Quiero las gotas de sudor y el calor a la altura de la guata.

Quiero el jugo de la carne a punto chorreando por mis brazos.



Quiero los chistes fomes de mis amigos,

las moscas paradas en el pebre 

y las risas descollantes que registran el ambiente

como una vieja cámara de cine.


Quiero respirar esa vida latente y maravillosa

anclada en mis emociones de infancia.

Quiero una tarde de asado a la parrilla

que me traiga de vuelta a mi madre en la distancia.


Mi madre tiene el olor, las risas,

el jugo chorreando, el pebre y el amor

de una tarde de asado a la parrilla.

jueves, 16 de octubre de 2014

"EL DÍA DE..."



"EL DÍA DE..." Tengo esa emoción que se me instala cada vez que celebramos "el día de..." Creo que ese día debería estar destinado a intensas jornadas de reflexión. Nosotros, por ejemplo, los docentes de la educación superior, reflexionar qué estamos haciendo, desde la institución, para hacernos cargo del desastre que llega a nuestras aulas, y sí, me refiero al desastre de estudiantes que egresan de un sistema perverso de educación que les permite avanzar al nivel técnico superior prácticamente sin "saber" leer ni escribir, base para la comprensión lectora. ¿Qué estamos haciendo con ellos? ¿Lo mismo que el sistema anterior? ¿Aprobarlos por gracia, por retención, por lástima?






JORNADAS DE REFLEXIÓN DEL DÍA DE... Esto para que las madres se pregunten qué y cómo han criado; para el día del padre, del abuelo, del bombero, del periodista... QUÉ y CÓMO lo hemos hecho. Basta mirar a nuestras sociedades para entender (al buen entendedor pocas palabras) que no lo hemos estado haciendo muy bien. Luc Besón en su última película "Lucy", hace la siguiente pregunta, tras una reflexión: "Hace miles de años se nos dio la vida... ¿Qué hemos hecho con ella? Ciudades saturadas, contaminadas, sistemas industriales que nos envenenan de a poco como la de los alimentos, la farmacéutica; sistemas no sustentables; economías depredadoras, sistemas cancerígenos como las AFP, ISAPRE, TRANSANTIAGO, que año en año suman millonarias utilidades que logran con nuestros escasos bienes y que cuando necesitamos "la mano devuelta", osea cuando estamos viejos, te informan que tus fondos no rentaron.





Tengo esa emoción que se me instala cada vez que celebramos "el día de..." es una emoción de funeral, de tristeza, de congoja, de pena, de mucha pena por lo que le hemos hecho a la humanidad, por lo que nos hemos hecho y nos seguiremos haciendo, favoreciendo al ente económico antes que al SER HUMANO. Como dijo un muy querido amigo, Pedro Venegas Premio Nobel del Amor: "Seremos recordados como la raza que se "piteo un planeta". "¿FELIZ? DÍA DEL PROFESOR.

viernes, 10 de octubre de 2014

EN EL ANDÉN




Corro como un loco

para despedirla en el andén,

con el corazón latiendo espinas...


No sé si fue bueno el silencio,

el guardar en el pecho las angustias de mi alma...

No sé si fue bueno el silencio, 

y callar los deseos de mis sueños, 

cuando despertaba acariciando tu pelo 

y besando tus hombros desnudos, 

que hoy se contonean coquetos 

tras la nueva aventura

por el andén de la vida.



No sé si fue bueno el silencio... 

Me parece que no!


martes, 10 de junio de 2014

A TRAVÉS DE MIS OJOS

¿Y que si toda la historia fuera distinta? Que dijera, que en vez de nacer con un "pecado original", todos nacemos buenos y poderosos, pero inconscientes y que tenemos de "regalo" a dos dioses de los que nos copiaremos y modelaremos. Dos grandes seres que serán espejos a los que imitaremos para ser iguales a ellos por el resto del juego llamado vida... ¿Qué tal si miráramos las cosas del mundo con los ojos de los bebes que fuimos un día?

"Madre, padre, les tengo una confesión: YO soy USTEDES. Me copié de su temperamento, de su amor y de sus odios; de sus intransigencias, indolencias e intolerancias y también de sus miedos y afectos; soy el resultado de lo que ustedes son. Si no les gusto, es porque no fueron mi mejor espejo, pero a pesar de ello los amo con todo el corazón.

¡¡¡¡Si tan sólo miráramos la vida de una manera distinta, con los cristalinos ojos de ese bebe que un día se asombró de compartir este mundo... y en que no tenía miedo... y que confió en ustedes, padres, para que le contaran lo maravillosa que es y les creyeron cada una de sus palabras!!!

lunes, 9 de junio de 2014

MÁS ALLÁ DE LA MANZANA

La maldita herencia.





Sin tener arte ni parte, la pobre manzana ha cargado, por los siglos de los siglos, a veces roja de vergüenza otras verde de ira, el estigma de ser el símbolo de la maldad, el fruto que condenó a nuestros padres, Adán
y Eva, a sus hijos y a los hijos de sus hijos, así hasta nuestros días, al “pecado original”. Nunca el libro sagrado mencionó a esta fruta como la tentación de la desobediencia de Eva, sólo hace mención al “fruto prohibido” y que, algún despistado durante el camino de contarnos “historias” o “cuentos”, cometió el “pecado” de decir que aquel fruto era la manzana marcándola por los siglos de los siglos ¡amén!

Pero detengámonos unos minutos en el triste y famoso pecado. Es atroz, cada vez menos, la sensación de culpa de ser pecadores ¡Imagínense lo que puede llegar a significar eso en la mente de un niño! Las penas del infierno corroen nuestras almas, provocándonos escalofríos con las imágenes de nuestros cuerpos retorciéndonos en las llamas del averno entre los gritos escalofriantes de las almas en pena
.

El pecado original, con ese que nacemos todos los seres humanos como una culpa de hielo clavada en nuestro ser inocente que con angustia se pregunta ¿por qué? Es como si nuestro buen Dios nos enviara a esta maravillosa experiencia llamada vida, convertidos en unos potenciales demonios, pero tenemos en la tierra a sus representantes que se encargarán de evitar que terminemos en las manos de Satán: nuestros amados padres, los correctores, los guardianes de los seres buenos y bondadosos, los paladines del bien, los maestros que convertirán a estos pequeños eventuales demonios en personas de bien y ¡vaya que no escatiman esfuerzos en ello! Desde los castigos más infernales, hasta la modesta correa son sus instrumentos o herramientas que les permitirán cumplir con su amorosa misión que se les ha encargado por vida: asegurarse que seremos dignos hijos de Dios.


La maldita herencia que hace que todos los padres del mundo y los que lo serán algún día, en algún minuto de la crianza, miremos a nuestros hijos como potenciales delincuentes, semillas de maldad, psicópatas asolapados y descargan el “castigo divino” autorizado en las sagradas escrituras, donde dice que el padre que no castiga a su hijo es porque no le ama. ¡Pobres e indefensas criaturas los padres! Obligados a tomar esa misión de convertir en buenas personas a esos otros pobres y pequeños seres indefensos a los que “tapizan” de miedo hasta que den por fin muestras que serán unos verdaderos angelitos dignos del Señor, que no se equivocan, que son educaditos, que no hacen “maldades” que tienen los mejores sentimientos, y ahí es cuando el miedo al castigo nos convierte en esos seres obedientes y es entonces cuando los padres descansan, se relajan; desaparece de sus cabezas la espada de Damocles que pendía sobre ellos amenazándolos con el escarnio público si osaran parecer MALOS PADRES.

Pero el daño, en los niños, ya está hecho: “la psicopatía paterna” ya está instalada en sus tiernos sistemas de creencias, la misma que les dirá cuando ya sean jóvenes adultos, que esa, la forma de mamá y la forma de papá, es la única que existe para ser PADRES, que esa es la manera de criar a los hijos. ¡Maldita herencia!

lunes, 10 de febrero de 2014

El pueblo que murió, cuando falleció la cocinera.

La cocinera, desde siempre, se levantaba muy temprano y no molestaba a nadie del pueblo, quienes por lo general dormían hasta el borde de la mañana, cuando comienza a fundirse con la tarde. Otros salían a cumplir con algunas obligaciones de acuerdo a sus intereses. De cuando en vez, algunos aportaban para los comestibles, pero sólo de vez en cuando; pero al momento de sentarse a la mesa no faltaba ni una sola alma y se regocijaban con lo preparado por la siempre servicial y dispuesta cocinera. Luego de acabados los manjares, todos, sin excepción, se levantaban de sus sitios de vuelta, algunos, a sus labores y otros a reposar en sus habitaciones y ella se encargaba de levantar los platos y lavarlos y así dejarlos preparados para la cena al morir la tarde cuando regresaban las almas hambrientas a reunirse alrededor de los manjares. El rito se perpetuó por años, por muchos y muchos años.

El pueblo, todos familiares, de solo dos ramas desde donde se habían desprendido varios ramales, vieron cómo año tras año, la cocinera se sentía más agotada, más cansada, Cada vez le era más difícil conseguir los alimentos, tanto así que no era capaz de arrastrar sus pies para ir en su búsqueda; una que otra vecina de aquel pueblo de “favor” le traían algunos víveres que ella prepararía con el amor de siempre para su pueblo, el que puntualmente llegaría o se despertaría, para devorar los manjares, sin importarles cómo estos habían llegado a la mesa, a fin de cuentas, eso no les importaba, pronto volverían a sus espacios de intereses personales o de simple ocio. El tiempo continuó haciendo estragos en la bondadosa mujer.


Ninguno del pueblo desarrollo jamás aptitudes para la cocina, ni para conseguir los alimentos, ni escoger las mejores piezas de carnes, pescados o verduras; ninguno ¡jamás! se había convertido en su ayudante, o en el joven de los mandados. Así tampoco ninguno había sacado las cuentas para proveer los alimentos necesarios. El tiempo cumplió con su cometido y terminó por quitarle todas las fuerzas a esta esforzada mujer y así como se acabaron sus pasos, que arrastraba lastimosamente por la habitación, también desaparecieron los platos de la mesa.

Un día todos los comensales, como cualquier otro, parloteaban, discutían alrededor de aquella gran mesa;
otros venían integrándose despejándose la modorra que les provocaba el haber despertado recién. Tras mucho conversar, la cocinera no apareció jamás por la puerta de la cocina con los platos que ellos estaban dispuestos a devorar. Quedaron en silencio, esperado una respuesta a los gritos con los que llamaban a la mujer, pero no obtuvieron respuesta. Uno de los pobladores de la mesa, se levantó y se dirigió, por primera vez en su vida, en dirección a la cocina. Su alarido aterrorizó a los comensales. La cocinera había muerto sin haber sido capaz de preparar la merienda.


Con pesar la arrastraron hasta la mesa; la recostaron sobre ella, la desnudaron y comenzaron a devorarla con avidez. Luego de saciada su hambre, comenzaron a mirarse unos a otros preguntándose quién sería ahora capaz de cocinar, comprar los víveres, seleccionarlos , ir por ellos y administrar los recursos para que estos no faltaran y la respuesta fue una condena: ¡NADIE! Nunca pensaron que ella algún día moriría y jamás se acercaron a conocer su labor, a ayudarla en tan noble cometido… alimentar a su familia. Todos creyeron siempre que esa era su obligación.


Se quedaron sentados allí lamentándose de tan torpe actuación. De vez en cuando más de uno azotaba su cabeza contra la mesa recriminándose de haber creído que sólo en los hombros de aquella mujer descansaba el bienestar del pueblo. Se quedaron sentados allí tanto tiempo, que uno a uno de aquel pueblo, fueron muriendo, acompañando los huesos putrefactos de aquella mujer que les había servido como el último alimento de sus vidas. Vidas vacías de conocimientos, de saber actuar, de competencia, de saber resolver, decidir, administrar, escoger, liderar… vidas parásitas que al caer el álamo,obligadamente murió el Quitral.

sábado, 1 de febrero de 2014

CAMINO AL SOL




Y pedaleando
te fuiste en dirección al sol,
y vi tus cenizas esparcirse 
en la mente de un recuerdo olvidado.

Y pedaleando
buscabas otros puertos,
mientras yo estaba en al andén equivocado,
el de los pájaros que vuelan sin sentido.

La distancia achica las figuras,
las reduce hasta que se convierten 
en una sensación de un tiempo
que jamás existió.

Y entonces pedaleo hasta la nada,
esa que permite que todo exista,
y te entierro en su patio de cardos,
donde brotarás como el recuerdo de otro,
más allá de los mares.

Y pedaleo de regreso a mi todo,
ese que construyo de la nada,
y ya no vienes ni en mis brazos
ni en mi mente ni en mi Ser.

Solo traigo las cenizas 
de un recuerdo incinerado,
cuando pedaleaste en dirección al sol;
cenizas que pronto se las llevará el viento,
y entonces volverá la nada para construir lo nuevo,
con lo que otro sembró en su patio de cardos.