lunes, 28 de enero de 2013

SE VIENE... LA NOVELA

RELATOS DE UNA ESCLAVA






“Del mismo modo que hemos tenido un número ilimitado de vidas pasadas, tendremos una cantidad finita de vidas futuras. Conocer lo que ya ha sucedido y lo que va a suceder puede permitirnos determinar el futuro del mundo y también nuestros propios futuros. Esto enlaza con el antiguo concepto del karma: se cosecha lo que se siembra. Si plantamos mejores semillas, si mejoramos los cultivos, si hacemos mejores acciones, nos veremos recompensados en las recolecciones futuras.”

BRIAN WEISS
Autor de Muchas Vidas, muchos maestros



PROLOGO



La joven Zenaida había logrado escabullirse silenciosamente de la cuadra que servía de habitación para los esclavos en aquel fundo de La Ligua en los tiempos de la colonia.

La habitación, era un desgreñado galpón de adobe pintarrajeado de cal, con un techo de vigas sin forrar, cubierto de tejas rotas por donde se colaba el frío y la lluvia en las noches de invierno, entumeciendo las camas de paja de los 40 peones, adultos y jóvenes, mujeres y hombres, que componían la servidumbre de aquellas tierras. En el 1620 los esclavos de Indias que trabajaban en los campos del Reino de Chile eran muy maltratados y explotados hasta la muerte… Sobre todo en las tierras de Riofrío.

El último esclavo en regresar al dormitorio, muy entrada la noche, era Joaquín, un mulato de 19 años que debía recorrer cientos de hectáreas cada día para asegurarse que los cercos no hubiesen sido violados. Aquella tarde le dijo a Zenaida que le esperara en la caballeriza de la patrona, donde cada noche guardaba su cabalgadura, ella dio un brinco de alegría. Hacía mucho que los verdes ojos del esclavo se habían posado en ella y no dejaba de sonreírle mientras la miraba dirigirse a la casa patronal, cada mañana. El color de sus ojos había sido herencia del hermano del patrón de aquel fundo. En una noche de juerga, envalentonado por el alcohol, este había entrado en la cuadra y violó a su madre. El color de sus ojos lo condenó al desamor materno. Su mirada escarlata revivía el dolor que se clavó en el pecho de la esclava, cuando el patrón, mientras abusaba de ella, ahogó a su pequeño de cuatro años poniendo su mano en la boca para que no llorara. Joaquín creció solo, lejos de los brazos y del amor de su madre.

Había cabalgado sin apuro durante toda su vida, pero esa noche traía su caballo al galope, quería sentir el amor entre sus brazos, Zenaida, una belleza negra de 16 años, de muslos torneados que al caminar entonaba una melodía perfecta entre sus caderas y sus turgentes pechos que danzaban alegremente a su ritmo juvenil, le había devuelto el sentido a su amargada existencia. Solo tendría esa noche para amarla, pero eso, Joaquín no lo sabía. El amor sería un momento fugaz en su vida y le sería arrancado por el odio de una mujer.

Zenaida se agachó sobresaltada cuando, a hurtadillas, pasaba por el corredor que daba al salón principal de la estancia. Su ama discutía violentamente con el cura del lugar, pero no logró escuchar lo que decían. Estaba a su servicio desde pequeña, nació en cautiverio. Fue una de las favorecidas, ya que pronto comenzarían a esterilizar a los esclavos para evitar así que estos “animales”, como era la creencia de le época, animales sin alma, se reprodujeran. Fue como una muñeca de la más joven de aquella familia y luego su criada. Estaba a todo momento a su lado y era capaz de adivinar sus pensamientos y emociones. Siempre sabía lo que le ocurría, había desarrollado un sentido especial para “leer” a su pequeña ama. Se asomó con sumo cuidado al salón y nuevamente vio en el rostro de su patrona esa mirada, mezcla de miedo y odio, como cuando ella tenía tan solo 11 años y su amita, doña Catalina, de 13, corría, envuelta en el temor, a esconderse en su cama de paja, la cama de su pequeña esclava, estremeciéndose a causa del pánico. Continuó, casi arrastrándose su camino al cobertizo, sin dejar de recordar aquellas noches de terror y un mal presentimiento se le instaló en el pecho como una garra, bien sabía ella lo que ese odio había engendrado. La discusión al interior del salón se hizo cada vez más violenta.

Joaquín dejó la montura en el caballete y le colgó una bolsa de avena en la cabeza a su cansado y sudado caballo. Se quitó la sucia camisa y su torneado y moreno torso desnudo, brilló a la luz de las lámparas de aceite, que desde el corredor, se filtraba por las rendijas de la vieja construcción. Afuera la noche estaba fría pero él ardía de pasión pensando en el momento que le había tenido distraído durante toda la jornada. De pronto escuchó el crujir de unas tablas y su pulso se aceleró. <Es ella> pensó y vinieron a su mente todas aquellas noches cuando regresaba al dormitorio y todos dormían. Él, al pasar cerca de la cama de Zenaida, se quedaba parado por largos minutos observando su belleza e imaginando cómo sería poseerla. Durante un año solo se dedicó a mirarla, sin atreverse a acercarse ya que ella ni siquiera le devolvía la mirada… hasta hace unos días. Cuando él pensó que ella dormía y se instaló a los pies de su cama a admirarla, ella le habló: <¿Qué miras?>, le había dicho sin siquiera abrir los ojos, él se turbo y no supo qué responderle, se imaginó que todas las noches había estado despierta y que siempre supo que la espiaba, ese pensamiento lo avergonzó, <Bueno, dime ¿qué miras?>, le repitió abriendo los ojos. Con el corazón queriendo escapársele por la boca solo atinó a apretar la chupalla entre sus manos y agachando la cabeza se retiró a descansar. Las camas de paja de los esclavos se separaban de la de las mujeres por unos viejos sacos harineros que colgaban de un cordel que atravesaba la estancia de lado a lado. Él, esperaba en cama cada mañana hasta que Zenaida se incorporara. Se deleitaba viendo su silueta recortada sobre aquella muralla de tela mientras su imaginación tensaba cada músculo de su cuerpo, pero aquella mañana se levantó antes que todos y sintiéndose aun avergonzado por haber sido sorprendido la noche anterior, salió rápidamente del lugar. Grata fue su sorpresa cuando ella, al salir le dedicó una sonrisa y un saludo a la distancia, Joaquín, por primera vez, esbozó una sonrisa y no dejó de sonreírle ni de mirarla cada mañana mientras ella se dirigía a la casa de la patrona. Sus recuerdos escaparon de prisa cuando el silencio de la noche fue roto por un susurro.
-¿Jo? ¿Estás allí?- Era la voz de Zenaida a las puertas de la caballeriza. El silencio se hizo cada vez más profundo y el canto de los grillos enmudeció. -¿Jo?- Insistió la joven, hasta que se entre abrió la portezuela y una mano le cogió la muñeca y la atrajo hacia el interior. Comenzaron a besarse y acariciarse apasionadamente. Ella deslizaba sus manos lentamente por el musculoso torso del mulato que permanecía desnudo, mientras él, frenéticamente, la despojaba de sus prendas. Primero la manta en la que iba envuelta, luego la blusa que cedió y dejó al descubierto su bellos pechos, los que él tantas veces imaginó danzando bajo las telas al compás de sus caderas. En unos segundos sus cuerpos, brillando por el sudor de la pasión, se entrelazaban sobre el heno desparramado en el piso del lugar y se entregaron sin pudor a satisfacer sus pasiones contenidas. Ella no era virgen. El padre de su amita se había encargado de robarle sus sueños de infancia cuando sólo tenía 11 años y ella había acudido a él, llorando, y le había suplicado que dejara en paz a su patrona, su joven ama que sufría los abusos de su propio padre, <¡Negra entrometida… ven acá para castigarte!> , y un ardor punzante le partió el vientre provocándole un dolor que estaba siendo sanado con esta noche de amor. Estando así, extasiados de placer, perdidos en un afecto y deseos sinceros, no escucharon los pasos furiosos que se acercaban raudamente a la caballeriza. Los temores de Zenaida cuando vio la mirada de su ama en el salón, pronto se harían realidad.



La patrona, una mujer hoy de 18 años, de una belleza extraordinaria, indomable, de una furiosa sensualidad que goteaba por cada uno de sus cabellos, unos cabellos cobrizos lujuriosos, que colgaban de sus hombros como invitando a las llamas del averno y que habían sido su peor tortura en la vida. Desde muy pequeña sintió las miradas libidinosas de todos los que la rodeaban, incluso las de su padre. Muchas veces debió luchar por su honor con el afilado metal de una navaja. Con el miedo y el dolor de tantos años agolpándose en sus sienes, martillándole el cerebro, se detuvo en silencio, conteniendo su respiración, escuchando el excitante concierto de placer que provenía del interior de su caballeriza. Estuvo un largo rato, mezclando sentimientos de pasión, odio y dolor, hasta que decidida empujó las dos hojas del portón las que se abrieron con un gran estrépito que hizo que los caballos dieran un salto casi tan angustiante como los que dieron Joaquín y Zenaida. Ella se ocultó tras un fardo de heno. El quedó desnudo sobre el piso a merced de la patrona. Ella lo observó con lujuria por un instante y le ordenó que preparara su montura. El intentó vestirse en vano, el grito de aquella mujer fue tajante <¡Ahora!>. Cuando hubo acabado, su ama le dio una orden que no alcanzó a comprender, <¡Tiéndete en el piso!>, gritó. Al ver que el esclavo no le obedecía, levantó la fusta y le dio un golpe en el rostro haciendo que este perdiera el equilibrio cayendo de bruces a los pies del caballo. Este se encabritó y azuzado por su ama, levantó sus patas delanteras y las hundió en el cráneo del mulato una y otra vez, hasta arrancarle la vida. Los ojos de Zenaida estaban fijos en los ojos de su ama. El odio, el dolor y el miedo estaban amalgamados en su mirada, la misma que tenía cuando mató a su padre hacía cdos años, la misma cuando a los 13 corría a refugiarse en su cama escapando del dolor, escapando del abuso de su progenitor. Zenaida vio esa mirada en el salón cuando su ama discutía con el cura de la capilla del fundo, sintió el temor, pero su pasión por Joaquín fue mayor. Ella, su ama, corría ahora hacia las praderas, como queriendo escapar nuevamente de su dolor. El cielo se encapotaba cada vez más. La cabeza ensangrentada de Jo, su cuerpo inerte, yacían sobre los bellos muslos de Zenaida que lo lloraba en silencio. Joaquín estaba muerto. La lluvia se dejó caer torrencialmente. Un relámpago iluminó el rostro de la jinete que cabalgaba presa de la angustia y del dolor. Lanzó un grito desgarrador que se confundió con el estallido de un rayo que fulminó la cruz de adobe de la pequeña capilla del fundo destruyéndola totalmente. Cayó al suelo en tantos fragmentos como había estallado el corazón de aquella dolida y hermosa mujer tras su violenta discusión con el cura que ahora yacía oculto bajo el altar tras la furiosa explosión. 

 

Pasarían cientos de años, casi 4 siglos, para que ese miedo y ese dolor volvieran a despertar, para sanar la historia y el alma de unas cuantas personas. Lo que nos parece un milenio a veces es solo una fracción de segundo en la intrincada maraña del universo. Uno no sabe cuándo podrá levantarse y mirarse en el espejo una mañana y descubrir que aquellos ojos fueron los ojos de uno otro en otro tiempo, espacio y lugar.

sábado, 19 de enero de 2013

FARAÓN




De cómo llegó a nuestras vidas Faraón se trata esta historia que nace hace miles de años en el antiguo, pero muy antiguo Egipto, donde sus gobernantes estaban muy cerca de la sabiduría y sus corazones se inclinaban hacia la bondad. Seti, hijo del faraón Nehput, era un jovenzuelo de apenas doce años, de extrema delgadez y de un carácter iracundo, maldiciente, rencoroso y cargado de dolor. La muerte de su madre al momento de nacer Seti, le generó un sentimiento de culpa y miedo que desarrollaron su personalidad desde el lado más oscuro de las emociones. No pudiendo trasladar esta ira a los humanos, dada la bondad de su padre, Seti descargaba todo su odio en los perros del reino. Solía castigar a estos y torturarlos hasta la muerte. Un día su padre lo mandó llamar a la cámara real. Con una tremenda dulzura en la voz le pidió perdón por no haber podido encaminar esas emociones negativas fuera de su alma. Le advirtió que todo ese odio y rencor que él estaba proyectando en esas inocentes criaturas le generarían un karma que mantendría suspendida su evolución por miles de años y que en cualquier momento, esa ira se volvería en su contra como balance natural del universo. Puso su mano sobre el hombre del pequeño y le besó con cariño en la frente: "me hubiese gustado estar más cerca de ti, pero ya has escogido tu camino y éste, finalmente, te alejará por mucho tiempo de mí. Estarás suspendido en el karma hasta que elijas al más pobre de los pobres, aquel que nace entre los que nada tienen y que se sostendrán sólo por la mano generosa de quienes los escogen; entre ellos estaré yo y volveré a ti sólo si decides por la generosidad del gesto no por darle placer al ego, sólo entonces me tendrás cerca otra vez". El odio del pequeño Seti no le permitió entender las palabras del sabio faraón y lo observó sin parpadear hasta que su padre abandonó el salón real. Dos años más tarde cuando Seti ya se alzaba en los 14, deambulando por el desierto fue atacado mortalmente por una jauría de perros salvajes. Se ensañaron tanto con él, como desquitándose por cada una de las vidas de sus hermanos que el jovenzuelo había arrebatado de este mundo. Casi fue imposible reconocerlo, sólo los restos de su vestimenta permitieron reconocer que se trataba del pequeño príncipe que acababa de quedar suspendido en ese karma que su padre le profetizara, sabiamente, hacía dos años. Y ahí, las arenas del tiempo, sellaron esta historia en las viejas tierras del antiguo Egipto.



Mi vida ha estado plagada de malas historias con los perros. Desde que era muy pequeñito, cuando tenía cerca de cuatro años, un can, al que quise acariciar, casi me arrancó la mano de un mordisco en la vieja plaza de Antofagasta. De ahí en adelante estos animales parecían olfatear mi pánico y me perseguían para morderme y casi siempre lo lograban y fui responsable por la muerte de varios de ellos también. Aún así, a pesar de toda esta historia de terror, cuando recuperé mi soltería (una vez más), se me instaló un deseo, un sueño en mi mente: tener mi departamento de soltero y un perro labrador como compañía, un estereotipo sacado de una teleserie de la época, como una estrategia para atraer mujeres cautivadas por el modelo. Mi terror por los canes, que solían atacarme, me impedía cumplir con ese sueño. Pasaron muchos años, tantos que ya ni me acordaba de ese sueño, de ese modelo. Mi vida de soltero terminó y no porque me hubiese vuelto a casar, mi hija maravillosa, decidió vivir con papá y tuvimos que agrandar el espacio, con ellos se esfumó el departamento de soltero y la vieja historia del labrador. Josefa ama a los animales y siempre me rogaba que la dejara tener un perrito. Yo me negaba no sólo por mi aversión a estos animales sino porque lo considero cruel, tener un perro en un departamento no es el escenario ideal para ellos. Hasta que un día, muy cerca del edificio, una vagabunda, una perra de la calle, de ojos lastimeros y de una profunda soledad, dio a luz tres cachorros, dos machos y una hembra; uno de los perritos no lo logró. En una de las visita que les hice, me quedé parado allí, junto a los cachorros y contemplé con cierta dulzura al macho sobreviviente; era gordo, cabezón, negro y con una mancha blanca en el pecho; lo que pasaría a continuación me sorprendió más a mí que al resto. Sin mediar ninguna acción lógica, sin justificación emocional, dije: "me llevaré al perrito, él necesita de un lugar ahora, una protección que estoy dispuesto a brindarle. No soy de tener mascotas, con suerte me hago cargo de mi, pero en este instante siento que el me necesita". Los ojos de alegría y la bella sonrisa de la chiquilla que se había propuesto proteger a la vagabunda y a sus cachorros, me hicieron sentir que estaba haciendo lo correcto. La cara de mi hija cuando le conté, me hizo sentir millonario. Así comenzó la espera. Debía dejar pasar un mes y medio para poder destetarlo y comenzar a criarlo en el departamento, brindándole toda la protección necesaria. Una noche cualquiera suena mi celular, era mi ex ofreciéndome un cachorro labrador; se me congeló el alma. Me mandó una foto para que lo conociera y la verdad que el sueño volvió, aquel del soltero acompañado por un labrador, volvió con toda la pasión a mi corazón, desplazando de él la imagen del callejero, del negrito aquel, el hijo de la vagabunda.



Suelo ir a trotar al cerro San Cristóbal, donde más de una vez fui mordido por los perros. Una mañana de sábado mientras subía, cai en una especie de trance después que uno de esos canes me asustara. Vi como ese animal y muchos más que comenzaron a aparecer detrás de los arbustos, se abalanzaban sobre mí y me atacaban ferozmente, despedazando, desgarrando mi piel y mi carne; claro que el escenario era distinto, era desierto, muy seco y muy intenso y a pesar de ello no sentía dolor alguno; todo se fue a negro y escuché una voz como un susurro que decía: "y volveré a ti si decides por la generosidad del gesto no por el placer de satisfacer el ego, sólo entonces me tendrás cerca otra vez". Volví en mi de un sobresalto, como si volviera a la tierra otra vez, con una claridad de conciencia que me permitió recordar toda mi existencia como Seti miles de años atrás; recordé al faraón y cómo le había extrañado en todo este tiempo al no tenerlo cerca de mis historias. bajé el cerro esa mañana con más certezas que nunca. El negrito, el callejero aquel, el hijo de la vagabunda se había instalado nuevamente en mi corazón, escogería aquel que nació entre los que nada tienen y que el labrador acompañaría a otro soltero en esta historia. ¡Al fin faraón había vuelto a mi! y yo había escalado un peldaño más en este largo camino de aprendizaje para el alma. Esa es la historia de cómo Faraón llegó a nuestras vidas para quedarse. El valor del gesto de ayudar al que más lo necesita es mayor que el valor de ayudarse sólo a sí mismo.



martes, 1 de enero de 2013

A PROPÓSITO DEL SISTEMA DE CREENCIAS



El otro día mi árbol amado y sagrado me dijo lo siguiente: “Es cierto, si quieres cambiar tu realidad sólo debes dejar de creer en aquello y botar esa corteza, pero algo que no debes olvidar es que para deshacerte de ella primero ésta tiene que secarse, lo que significa que cuando algo está seco es porque ya no tiene vida como la conocemos. Deja de ser útil. Deja de servir a tus propósitos. Ya no te sirve más, por eso estás dispuesto a cambiarla. ¿Tu realidad te estorba? Entonces deja que esta se “seque”, pierda la vida, muera y así podrás cambiar esa “corteza” con facilidad.” Nuestros sistemas de Creencias son, en alguna medida, nuestro “motor de existencia”, nuestra “razón de vivir”, el “sentido” de la vida que hemos desarrollado, por eso no estamos tan dispuesto a perderla. Entrégate a esa nueva realidad que quieres para que la vieja muera. Depende de ti. Tú eres DIOS. Si tratas de arrancar una corteza de un árbol que se está desprendiendo de ellas, te será difícil, porque sólo el árbol sabe cuando está preparado para deshacerse de ella. Sólo tú sabes cuando estas preparado para el cambio. Para entender mejor esto deben leer el artículo ¿Quieres cambiar tu realidad?


FELIZ AÑO NUEVO



2013, 2040, 3015, ¿qué importa? Es un ciclo en que analizo lo que realicé para convertirme en una mejor persona. La buena noticia es que tienes otro ciclo más para hacer aquello que dejaste de hacer para convertirte en un ser de luz y alejarte de la sombra. Lo importante: a NADIE le interesa si lo conseguiste o no, sólo a ti. Trabaja para ello,  te envío todas mis más hermosas energía para que lo consigas, si lo logras, este, sin duda, será un mundo mejor. FELIZ AÑO NUEVO.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

¿QUIEREN CAMBIAR SU REALIDAD?




¿Qué es el Sistema de Creencias? ¿Cómo se origina? ¿Qué función cumple? Podemos explicarlo con peras y manzanas y al final les dará exactamente lo mismo. Parte de esto es su función. Creo y a partir de allí vivo. Creo, con sus dos referentes: de creer y crear. Esta es su función; adquiero todo lo que creo de mi entorno, de mis adultos significantes; tomo de ellos todo lo que “creen” y “sienten” de la vida, más mis experiencias y establezco mi sistema de creencias. En otras palabras: se originan de la observación directa, la experiencia y el contacto personal, las que puedo describir y por todo lo que me informan otras personas, sus supuestos, sus mitos sociales. ¿Cuándo ocurre este proceso? En nuestra más tierna infancia y luego, dado los procesos de aprendizaje, envío TODA la información a mi mente inconsciente desde donde comienzo a actuar automáticamente. ¿Pero qué pasas si mis creencias me condenan al sufrimiento permanente? ¿Lo podré cambiar por uno menos nocivo? Un árbol me enseñó cómo, y ésta es la historia.



En mi proceso de crecimiento personal, atravesé por un par de experiencias que en su momento no pude comprender, hoy gracias a un árbol lo tengo muy claro. La primera de ellas fue el 2004. Un amigo estaba titulándose de Reiki 2 y me ofreció una sesión gratis, la que obviamente acepté. No tenía ninguna experiencia previa en el tema entonces me entregué a sus indicaciones. Lo que “vi” en el estado de meditación profunda en la que entré, no la pudo explicar el terapeuta. En ese estado más el olor del incienso y los sonidos de la naturaleza que inundaban la habitación desde el reproductor de CD, me llevaron a tener ciertas visiones. En ellas podía ver cómo un sinfín de imágenes de yeso se estrellaban contra el piso y se reventaban en mil pedazos. Eran representaciones de todo tipo: religiosas, económicas, políticas, todas estrellándose contra el piso.



Luego se cruzó en mi camino una terapeuta holística venida de Holanda, Guillemette Köning, con quien viví mi segunda experiencia. Luego de una meditación guiada a mi templo interior, el que estaba en deplorable estado, me paré en medio de mi llama Trina, que es un fuego que representa las tres fuerzas principales de nuestro Ser. Estaba allí suspendido sobre esta llama y mi cuerpo comenzaba a descascararse dejando paso a un cuerpo brillante, dorado. Esas dos imágenes me acompañaron por años sin que me significaran nada más que parte del proceso de crecimiento personal que había iniciado. Hasta un par de primaveras atrás, subiendo mi amado Cerro San Cristóbal, meditando precisamente sobre los sistemas de creencias y cómo estos, poderosos y de fuertes raíces, generan nuestros pensamientos, estos nuestras emociones y sentimientos, TODO a partir de lo que creo. Remover esas creencias nos parece, a la mayoría, algo TOTALMENTE imposible. EL ÁRBOL ME ENSEÑO LO CONTRARIO.




En una de las vueltas subiendo el cerro, me encontré con un árbol el que me pareció increíble por la rectitud de su tronco, por lo liso y blanco de su corteza. Cada vez que pasaba por allí pasaba a saludarlo con reverencia por lo que significaba para mi. Pasó el verano, luego el otoño y en invierno mi árbol ya no era tan blanco, su corteza se tornó café claro, casi rojizo; había muchos nombres y cosas escritas en ella. El aprendizaje sobre lo fácil que es cambiar el sistema de creencias no vendría sino hasta el próximo verano.



Uno debe comprender que algo que cree le puede provocar emociones y sentimientos que les pueden causar una grave enfermedad la que puede ser fatal. Un marido celoso es capaz de cometer un crimen por el sentido de pertenencia que tiene sobre su esposa y de lo que él cree que le hacen a él, cuando en realidad se lo hacen a ella. Esto que parce un chiste ocasional, es una verdad. En África, en un poblado cuyo nombre no me acuerdo, el hombre cuya mujer es la más deseada y poseída por los hombres de la tribu, él es el más honrado. ¿Qué es lo que hace estas dos historias muy diferentes? El sistema de creencias. La respuesta será tan fácil como: deja de creer. Si te anclas a decir: “así soy yo y nadie me va a cambiar”, estás decidiendo nunca cambiar tu corteza, que es lo que no hace mi estimado árbol.






A veces, cuando decido no cambiar esas “cortezas” que forman mi sistema de creencia, éstas nos deforman físicamente, porque sentimos su peso. Se pueden manifestar en obesidad, alcoholismo, drogadicción, o cualquier figura que, conscientemente, ustedes saben que no les producen satisfacción. Lo que el árbol me enseñó fue eso. Es fácil deshacerse de esas creencias nocivas. Lo puedo hacer cada temporada: cambiar la corteza. Todo lo que estaba escrito en ellas desaparece y tengo una nueva mente para escribir en ella lo que me hace sentir bien, sano, recto, como mi árbol. ¿Quieren cambiar su realidad? Cambien su Sistema de Creencias, cambien su “corteza” cada vez que lo necesiten, es fácil, como me lo enseñó un árbol que crece recto, sin peso y que se reescribe cada año; este verano escribiré mi nombre en él y ya sé que para el próximo no estará allí.



martes, 25 de diciembre de 2012

NATIVIDAD



Navidad, natividad, nacimiento al fin. ¿Qué celebramos en realidad? Que un flaco, bueno para trabajar la madera, se dice que nació hace aproximadamente 2012 años ya, y que algunos lo creen hijo de dios y de una mujer virgen. Bueno, este cuento es muy común a todas las religiones de la antigüedad. Creo que lo importante para mí no es lo que se celebra sino lo que nace. Él nació y nos trajo un concepto, una mirada de la vida y del ser humano distinta hasta la entonces conocida. Su mensaje ha permanecido sin ser comprendido por aproximados 2012 años. Una institución lo manejó para gobernar desde su interés por el poder y el dinero. Ya hace 2012 años nos dijo: "El reino de Dios está aquí". Y aún no nos damos cuenta. El "aquí" es en nuestro ser. Tenemos el poder de crear y ese es el tal dios actuando en nosotros. Si lo que creamos es positivo es nuestra luz, si es negativo: nuestra oscuridad, también representada como Satanás. También este flaco buena onda, que nos mostró un camino, que nos entregó un modelo, también nos dijo: "Tendréis que nacer de nuevo" y eso es lo que yo celebro, el haber nacido de nuevo, el haber podido cambiar los patrones de creencias y entender que el trabajo en este mundo es hacer nacer dentro de ti a dios o como quieran llamarlo; es hacer nacer dentro de ti a la buena persona que quieres ser; hacer nacer el amor que iluminará tu miedo de vivir y sentarte junto a tu familia y observarla con cariño porque te permitieron ser;  con mentiras, con engaños, con malas interpretaciones... no importa, porque todo fue con amor.
Sorprendo a mi pequeña llorando en su pieza, ¿el motivo? su madre. Ella debió llamarse "Mary Crismas". Ama todo lo que tenga que ver con el cuento del pascuero y aún invita a su hija a buscarlo en la oscuridad del cielo. Mi niña lloraba y me decía: "dile que la corte, ya me mintieron por muchos años y aun sigue". Tomé su carita, sequé sus lágrimas y le dije: "Fue por amor". De alguna manera le tememos tanto a esta vida que nos pintan como una cosa horrorosa de ser vivida que fantaseamos y creamos historias que se acerquen a esa caridad y a ese amor que no somos capaces de ver en nuestros propios corazones y entonces "los dibujamos" allá afuera donde buscamos todo lo que debiéramos buscar "adentro", en nuestro místico corazón. Todo esto nos lo enseñó ese flaco entretenido, bueno para los amigos, para el vino y que dicen que se llamaba Jesús y que por sobre toda las cosas, amaba a todos y era capaz de sentir que él era el camino y la vida, algo que aún la humanidad no ha entendido. Cada uno es el camino y la vida. Nadie jamás podrá caminar en las plantas de mis pies, sólo yo; por lo tanto mi camino lo hago yo; y soy la vida. La vida no es algo que pasa allá afuera, como una institución con la que tengo que estar agradecido, no. La vida soy yo y existe mientras yo existo. Él trató de explicárselo a la humanidad hace mucho rato, pero como tantas otras cosas no lo entendimos. ¿Se comprende un poco más la expresión hasta que Cristo nazca en ti?  Entonces celebra con todo el corazón esa natividad, cuando te sientes a la mesa con tu familia y les mires a cada uno de ellos a los ojos y los ames profundamente tal cual son.


En el living de nuestro departamento tenemos un árbol sin ninguna figura, sólo bolas lilas que representan a mi hija y bolas azules que me representan a mi, por nuestros colores favoritos; y el árbol representa a la humanidad; cada noche nos paramos frente a él y con nuestras manos en el corazón aceptamos a la humanidad tal cual es: con sus miedos, sus cuentos, sus amores temerosos, su codicia, su bondad, su maldad. Respetamos la realidad que cada uno ha creado para sí mismo. Entonces celebramos la "navidad" en nosotros mismo, ese modelo que nos enseñó ese flacuchento que se me imagina debió ser re simpático.

viernes, 21 de diciembre de 2012

FIN DEL MUNDO



Tiempo de reflexión: 

Lo interesante de todas las discusiones que duraron meses sobre el fin del mundo, es que nos deja una gran enseñanza que de ser analizada permitirá el cambio de Era: LA FUERZA DE LOS CUENTOS, EL PODER CREADOR DEL LENGUAJE. Es tiempo de hacernos cargo de TODO lo que hemos promovido en el mundo desde la ignorancia, desde el miedo. 


Bien dice el comercial de una compañía telefónica: ¡Basta que te metan el p... en el ojo! ¡Sácatelo! y eso con todas las historias que nos hemos inventado para vivir de fantasías apartado de la realidad. 


Pueden ir pensando en hacer un "lulo" con las velitas, las linternas, los bidones de agua, las latas de conservas y aprovechen de meter en el mismo "lulito" al viejito pascuero, al del saco, a la virgen, al cielo y al infierno ¡¡¡¡¡¡ POR FAVOR !!!!!!! Y de una buena vez comencemos a VIVIR dejando atrás la codicia que despierta el miedo y comencemos a construir una realidad que se sustente en el amor y en la justicia.