viernes, 7 de junio de 2013
Dos comentarios para una misma reflexión. Un amigo, el pasado domingo me dice al ver mi refrigerador: "Se nota que hace falta una mujer en esta casa, el refrigerador está vacío"; días antes, mi hijo Kriss me dice: "¡Puta el huevón pobre, tiene el refrigerador pelado!". Los dictados de la mente de cómo deben ser las cosas; al no tener a una mujer en casa soy un ser incompleto, falta aquella parte que debe complementarme, y es una imagen mental sostenida por la dualidad sexual, la suma de femenino y masculino dan la totalidad.
Al tener el refrigerador "pelado" obedece a la imagen de la pobreza o la abundancia, otro dictado mental. Lo interesante, es que nos creemos estas imágenes y terminamos identificándonos con ellas. Lo que se consume en casa, no necesita refrigerador. No es que falte una mujer. El refrigerador satisface uno de mis mayores placeres. Estos son dos: una ducha caliente por la mañana y un vaso de agua muy heladita y ahí el refrigerador cumple un rol importante, además de mantener heladas mis cervezas. El resto de los alimentos son frutas y verduras que se compran cada día. Créanme que las papas, hortalizas y otros no necesitan refrigeración. En mi casa no se consumen alimentos industriales. La idea de abundancia y pobreza es otra trampa de la mente, traslada al refrigerador lleno y a la posesión de bienes materiales el significado de bienestar o de "buen pasar". En mi casa, la abundancia se guarda en otro lugar; un lugar donde la palabra pobreza se asocia a agresividad, odio, rencor, miedo, dolor y la palabra abundancia se relaciona con el amor, la bondad, la generosidad, la paz y finalmente, la felicidad. Ese lugar, en mi casa, no está en el refrigerador, ese lugar es el corazón ¿De qué me sirve tener un refrigerador lleno y un corazón vacío? Por muchas razones las personas creen que el alimento no les puede faltar, el miedo a morir de hambre es una de ellas; pero otra, no menos importante, es la idea emocional de la gratificación que se siente al comer, engullir, llenar esos espacios vacíos que dejó la falta de amor en la infancia. Eso sí es pobreza. Dos comentarios para una misma reflexión: ¿Eres un ser completo y abundante?
lunes, 27 de mayo de 2013
EDUCAR

Educarse es algo inherente al ser humano que IMITA lo de su entorno. Los "educadores" somos sólo modelos de los que los nuevos humanos se copian.... Cuando los adultos entendamos eso, entonces trataremos de ser mejore modelos de los cuales copiarse.... Ya no será necesario "golpear" (física o psicológicamente) a esos pequeños para que se conviertan en "buenas personas", si sus modelos ya lo son, entonces no hay nada de qué ocuparse. Esto liberaría a los padres de esa "obligación" ancestral, que tratan de cumplir, incluso de manera agresiva y violenta, porque "tienen" que responder a sus propios modelos que "los educaron" que son capaces de hacer lo mismo que ellos, formar seres humanos.

Hablamos de educación sin tener idea de cómo ésta funciona y ello tiene que ver con nuestros procesos de aprendizaje, donde todo lo aprendido va a parar a nuestro inconsciente, desde ese momento funcionamos con un piloto automático y nunca más volvemos a "revisar" si lo que estamos aplicando es necesario o no; de allí nace el sabio dicho popular: "Somos capaces de ver la paja en el ojo ajeno mas no la viga en el propio".
Nos reímos de las estupideces que los otros hacen o dicen, pero no tenemos conciencia del las que hacemos nosotros a veces más estúpidas que aquellas de las que nos burlamos. Cuando le preguntaron a Carolina Zuñiga el año 2000 en el concurso de Mis Chile a qué hombre y mujer elegiría para PRESERVAR la raza humana y ella contestó que a Juan Pablo Segundo y a sor Teresa de Calcuta, todo Chile la convirtió en la estúpida nacional; sin embargo, cuando le hago la misma pregunta a mis públicos y ellos ríen de la misma manera, dejan de hacerlo cuando les pido que me digan qué significa la palabra PRESERVAR, para un 98% significa CONSERVAR, lo mismo debió pensar aquella candidata y se los imaginó en un frasco, "conservados" como los fetos de una escuela de Medicina. Ella, como nosotros, no imaginó a esos personajes teniendo sexo, sólo respondió lo que su mente logró comprender.
Todo este cuento es para hacer notar ese piloto automático que opera en nosotros convirtiéndonos, a veces, en autómatas de lo grotesco como el creer que educamos a nuestros niños cuando en verdad los estamos "adiestrando" como pequeñas mascotas, tratando de "conducir" sus vidas por el buen camino, ese "buen" caminos que ni siquiera los adultos hemos logrado encontrar, sólo basta ver la sociedad enferma que hemos construido; y no lo encontramos porque unos adultos como nosotros nos quisieron "conducir" la vida y nos nos dejaron crecer para desarrollar las habilidades y las competencias para lograrlo.
Para comprender todo esto se necesita conciencia, se necesita prender la luz en ese cuatro oscuro llamado INCONSCIENTE e iluminarnos. No creerían la cantidad de miedo que allí escondemos, y que justifica cada una de nuestras conductas, hasta las más horrorosas.
viernes, 1 de marzo de 2013
GUERRA
A Don Evo Morales: ¿Por qué señor presidente no va directo al grano y trata de recuperar sus tierras tal como las perdió, vale decir, declarándonos la guerra? Está claro que Chile y su gobierno no tiene ni la más mínima intención de cederles territorio. Usted nos declara la guerra y Chile defenderá con la sangre de sus soldados, la tierra que tanto les costó arrebatarlas. Esto serviría para terminar con las chiquilladas de presidentes y políticos que más bien parecen pequeños niños haciendo fuerza con sus pares en un jardín infantil, y también para justificar la danza de millones que se gastan anualmente en mantener a unas inútiles fuerzas armadas. Hoy todo se resuelve en los tribunales internacionales, deberíamos re-diseñar ese cuerpo armado y destinarlo a labores realmente productivas. Nos haría bien una guerra para replantearnos en nuestras posturas más íntimas: ¿estoy por la intolerancia, la intransigencia, el sentido de la propiedad, las fronteras. las razas y el nacionalismo? o ¿estoy por la integración, la solidaridad, la hermandad, el amor, la bondad, la tolerancia, la amistad? Una guerra nos ayudaría a esclarecer en qué bando quiero estar.
FESTIVAL DE CHILE
Una lectura de Chile, eso es el Festival de Viña del Mar; un animador, lleno de gestos incoherentes que incluyen un lenguaje corporal incongruente, agachaditas, giros, gestos teatralizados y una sonrisa que parece máscara; una animadora que está obsesionada con el protagonismo, llena de lugares comunes, con un espectáculo que fue perdiendo su esencia, cayendo en la mediocridad que es fiel reflejo de la idiosincrasia de nuestro querido chilito, país acostumbrado a los ídolos de barro. Los grandes artistas como Elton John, actúan por los tiempos que los contratan y nada más; no entienden esta insana costumbre de un público que los premia ¿por qué? ¿para qué? Que culpa tienen ellos, gente dueña de un talento que saben se agradece sólo con el aplauso, de presentarse frente a un público enfermo que se arroga la facultad de otorgar premios a su desempeño. A los públicos instruidos y cultos, sólo les basta aplaudir o dejar de hacerlo si el artista no se lo merece; recibir premios auspiciados por una empresa telefónica, no está en su concepción del desarrollo de un espectáculo basado en su talento. Eran mejores aquellos tiempos en que se presentaba una mayor cantidad de artistas con menos tiempos de actuación; eso le daba agilidad y ritmo a un espectáculo hoy francamente decadente. Mis aplausos han sido para Maná; Nancho Parra, Miguel Bosé y Elton John, y este último me provocó una disfonía que me agarré por cantar aquella décima parte de sus éxitos que alcanzó a mostrar. Elton John tiene éxitos para un show de al menos cuatro horas. Hay muchos artistas como el tal santos, Jonas Brothers, Wisin y Yandel, Hermógenes con H, Bastián Paz y otros que no recuerdo su nombre, que podrán contarle a sus nietos que compartieron escenario con una verdadera estrella, que a sus 65 años conserva su voz intacta, todo su talento y la empatía suficiente para soportar las extravagancias de la cultura mediocre de un país tercermundista; extravagancia que ni siquiera entiende Jorge Gonzalez, aunque él en si es una de ellas, el típico contestatario de los 60 o 70, añejo, odioso, propio de latinoamérica. Los expertos en comunicación estratégica del canal organizador, deberán volver a la universidad, se nota, a la distancia, que reprobaron muchas materias y nos enfrentan a situaciones lastimeras como una entrevista post actuación de Memo Bunke para sensibilizar a la gente, o al mal llamado "monstruo", para que le entregara las desprestigiadas antorchas y gaviotas auspiciadas por una empresa telefónica; después de ese penoso espectáculo nos cabe preguntarnos, Sir Elton John ¿guardará en algún lugar especial sus "preciados" tesoros? Creo que este festival nos puede ayudar mucho como país, si dejamos de criticar los vestidos de la animadora y comenzamos a analizar nuestras conductas en torno a él para comenzar a mejorarlas y a evolucionar hacia la dignidad y la excelencia, donde los artistas se sientan pagados en su talento sólo con el maravilloso y siempre digno aplauso.
lunes, 28 de enero de 2013
SE VIENE... LA NOVELA
RELATOS
DE UNA ESCLAVA
“Del mismo modo que
hemos tenido un número ilimitado de vidas pasadas, tendremos una
cantidad finita de vidas futuras. Conocer lo que ya ha sucedido y lo
que va a suceder puede permitirnos determinar el futuro del mundo y
también nuestros propios futuros. Esto enlaza con el antiguo
concepto del karma: se cosecha lo que se siembra. Si plantamos
mejores semillas, si mejoramos los cultivos, si hacemos mejores
acciones, nos veremos recompensados en las recolecciones futuras.”
BRIAN
WEISS
Autor de Muchas
Vidas, muchos maestros
PROLOGO
La
joven Zenaida había logrado escabullirse silenciosamente de la
cuadra que servía de habitación para los esclavos en aquel fundo de
La Ligua
en los tiempos de la colonia.
La
habitación, era un desgreñado galpón de adobe pintarrajeado de
cal, con un techo de vigas sin forrar, cubierto de tejas rotas por
donde se colaba el frío y la lluvia en las noches de invierno,
entumeciendo las camas de paja de los 40 peones, adultos y jóvenes,
mujeres y hombres, que componían la servidumbre de aquellas tierras.
En el 1620 los esclavos de Indias que trabajaban en los campos del
Reino de Chile eran muy maltratados y explotados hasta la muerte…
Sobre todo en las tierras de Riofrío.
El
último esclavo
en regresar al dormitorio, muy entrada la noche, era Joaquín, un
mulato de 19 años que debía recorrer cientos de hectáreas cada
día para asegurarse que los cercos no hubiesen sido violados.
Aquella tarde le dijo a Zenaida que le esperara en la caballeriza de
la patrona, donde cada noche guardaba su cabalgadura, ella dio un
brinco de alegría. Hacía mucho que los verdes ojos del esclavo se
habían posado en ella y no dejaba de sonreírle mientras la miraba
dirigirse a la casa patronal, cada mañana. El color de sus ojos
había sido herencia del hermano del patrón de aquel fundo. En una
noche de juerga, envalentonado por el alcohol, este había entrado en
la cuadra y violó a su madre. El color de sus ojos lo condenó al
desamor materno. Su mirada escarlata revivía el dolor que se clavó
en el pecho de la esclava, cuando el patrón, mientras abusaba de
ella, ahogó a su pequeño de cuatro años poniendo su mano en la
boca para que no llorara. Joaquín creció solo, lejos de los brazos
y del amor de su madre.
Había
cabalgado sin apuro durante toda su vida, pero esa noche traía su
caballo al galope, quería sentir el amor entre sus brazos, Zenaida,
una belleza negra de 16 años, de muslos torneados
que al caminar entonaba una melodía perfecta entre sus caderas y sus
turgentes pechos que danzaban alegremente a su ritmo juvenil, le
había devuelto el sentido a su amargada existencia. Solo tendría
esa noche para amarla, pero eso, Joaquín no lo sabía. El amor sería
un momento fugaz en su vida y le sería arrancado por el odio de una
mujer.
Zenaida
se agachó sobresaltada cuando, a hurtadillas, pasaba por el corredor
que daba al salón principal de la estancia. Su ama discutía
violentamente con el cura del lugar, pero no logró escuchar lo que
decían. Estaba a su servicio desde pequeña, nació en cautiverio.
Fue una de las favorecidas, ya que pronto comenzarían a esterilizar
a los esclavos para evitar así que estos “animales”, como era la
creencia de le época, animales sin alma, se reprodujeran. Fue como
una muñeca de la más joven de aquella familia y luego su criada.
Estaba a todo momento a su lado y era capaz de adivinar sus
pensamientos y emociones. Siempre sabía lo que le ocurría, había
desarrollado un sentido especial para “leer” a su pequeña ama.
Se asomó con sumo cuidado al salón y nuevamente vio en el rostro de
su patrona esa mirada, mezcla de miedo y odio, como cuando ella tenía
tan solo 11 años y su amita, doña Catalina, de 13, corría,
envuelta en el temor, a esconderse en su cama de paja, la cama de su
pequeña esclava, estremeciéndose a causa del pánico. Continuó,
casi arrastrándose su camino al cobertizo, sin dejar de recordar
aquellas noches de terror y un mal presentimiento se le instaló en
el pecho como una garra, bien sabía ella lo que ese odio había
engendrado. La discusión al interior del salón se hizo cada vez más
violenta.
Joaquín
dejó la montura en el caballete y le colgó una bolsa de avena en la
cabeza a su cansado y sudado caballo. Se quitó la sucia camisa y su
torneado y moreno torso desnudo,
brilló a la luz de las lámparas de aceite, que desde el corredor,
se filtraba por las rendijas de la vieja construcción. Afuera la
noche estaba fría pero él ardía de pasión pensando en el momento
que le había tenido distraído durante toda la jornada. De pronto
escuchó el crujir de unas tablas y su pulso se aceleró. <Es
ella> pensó y vinieron a su mente todas aquellas noches cuando
regresaba al dormitorio y todos dormían. Él, al pasar cerca de la
cama de Zenaida, se quedaba parado por largos minutos observando su
belleza e imaginando cómo sería poseerla. Durante un año solo se
dedicó a mirarla, sin atreverse a acercarse ya que ella ni siquiera
le devolvía la mirada… hasta hace unos días. Cuando él pensó
que ella dormía y se instaló a los pies de su cama a admirarla,
ella le habló: <¿Qué miras?>, le había dicho sin siquiera
abrir los ojos, él se turbo y no supo qué responderle, se imaginó
que todas las noches había estado despierta y que siempre supo que
la espiaba, ese pensamiento lo avergonzó, <Bueno, dime ¿qué
miras?>, le repitió abriendo los ojos. Con el corazón queriendo
escapársele por la boca solo atinó a apretar la chupalla entre sus
manos y agachando la cabeza se retiró a descansar. Las camas de paja
de los esclavos se separaban de la de las mujeres por unos viejos
sacos harineros que colgaban de un cordel que atravesaba la estancia
de lado a lado. Él, esperaba en cama cada mañana hasta que Zenaida
se incorporara. Se deleitaba viendo su silueta recortada sobre
aquella muralla de tela mientras su imaginación tensaba cada músculo
de su cuerpo, pero aquella mañana se levantó antes que todos y
sintiéndose aun avergonzado por haber sido sorprendido la noche
anterior, salió rápidamente del lugar. Grata fue su sorpresa cuando
ella, al salir le dedicó una sonrisa y un saludo a la distancia,
Joaquín, por primera vez, esbozó una sonrisa y no dejó de
sonreírle ni de mirarla cada mañana mientras ella se dirigía a la
casa de la patrona. Sus recuerdos escaparon de prisa cuando el
silencio de la noche fue roto por un susurro.
-¿Jo?
¿Estás allí?- Era la voz de Zenaida a las puertas de la
caballeriza. El silencio se hizo cada vez más profundo y el canto de
los grillos enmudeció. -¿Jo?- Insistió la joven, hasta que se
entre abrió la portezuela y una mano le cogió la muñeca y la
atrajo hacia el interior. Comenzaron a besarse y acariciarse
apasionadamente. Ella deslizaba sus manos lentamente por el musculoso
torso del mulato que permanecía desnudo, mientras él,
frenéticamente, la despojaba de sus prendas. Primero la manta en la
que iba envuelta, luego la blusa que cedió y dejó al descubierto su
bellos pechos, los que él tantas veces imaginó danzando bajo las
telas al compás de sus caderas. En unos segundos sus cuerpos,
brillando por el sudor de la pasión, se entrelazaban sobre el heno
desparramado en el piso del lugar y se entregaron sin pudor a
satisfacer sus pasiones contenidas. Ella no era virgen. El padre de
su amita se había encargado de robarle sus sueños de infancia
cuando sólo tenía 11 años y ella había acudido a él, llorando, y
le había suplicado que dejara en paz a su patrona, su joven ama que
sufría los abusos de su propio padre, <¡Negra entrometida… ven
acá para castigarte!> , y un ardor punzante le partió el vientre
provocándole un dolor que estaba siendo sanado con esta noche de
amor. Estando así, extasiados de placer, perdidos en un afecto y
deseos sinceros, no escucharon los pasos furiosos que se acercaban
raudamente a la caballeriza. Los temores de Zenaida cuando vio la
mirada de su ama en el salón, pronto se harían realidad.
La
patrona, una mujer hoy de 18 años, de una belleza extraordinaria,
indomable, de una furiosa sensualidad que goteaba por cada uno de sus
cabellos, unos cabellos cobrizos lujuriosos, que colgaban de sus
hombros como invitando a las llamas del averno y que habían sido su
peor tortura en la vida. Desde muy pequeña sintió las miradas
libidinosas de todos los que la rodeaban, incluso las de su padre.
Muchas veces debió luchar por su honor con el afilado metal de una
navaja. Con el miedo y el dolor de tantos años agolpándose en sus
sienes, martillándole el cerebro, se detuvo en silencio, conteniendo
su respiración, escuchando el excitante concierto de placer que
provenía del interior de su caballeriza. Estuvo un largo rato,
mezclando sentimientos de pasión, odio y dolor, hasta que decidida
empujó las dos hojas del portón las que se abrieron con un gran
estrépito que hizo que los caballos dieran un salto casi tan
angustiante como los que dieron Joaquín y Zenaida. Ella se ocultó
tras un fardo de heno. El quedó desnudo sobre el piso a merced de la
patrona. Ella lo observó con lujuria por un instante y le ordenó
que preparara su montura. El intentó vestirse en vano, el grito de
aquella mujer fue tajante <¡Ahora!>. Cuando hubo acabado, su
ama le dio una orden que no alcanzó a comprender, <¡Tiéndete en
el piso!>, gritó. Al ver que el esclavo no le obedecía, levantó
la fusta y le dio un golpe en el rostro haciendo que este perdiera el
equilibrio cayendo de bruces a los pies del caballo. Este se
encabritó y azuzado por su ama, levantó sus patas delanteras y las
hundió en el cráneo del mulato una y otra vez, hasta arrancarle la
vida. Los ojos de Zenaida estaban fijos en los ojos de su ama. El
odio, el dolor y el miedo estaban amalgamados en su mirada, la misma
que tenía cuando mató a su padre hacía cdos años, la misma cuando
a los 13 corría a refugiarse en su cama escapando del dolor,
escapando del abuso de su progenitor. Zenaida vio esa mirada en el
salón cuando su ama discutía con el cura de la capilla del fundo,
sintió el temor, pero su pasión por Joaquín fue mayor. Ella, su
ama, corría ahora hacia las praderas, como queriendo escapar
nuevamente de su dolor. El cielo se encapotaba cada vez más. La
cabeza ensangrentada de Jo, su cuerpo inerte, yacían sobre los
bellos muslos de Zenaida que lo lloraba en silencio. Joaquín estaba
muerto. La lluvia se dejó caer torrencialmente. Un relámpago
iluminó el rostro de la jinete que cabalgaba presa de la angustia y
del dolor. Lanzó un grito desgarrador que se confundió con el
estallido de un rayo que fulminó la cruz de adobe de la pequeña
capilla del fundo destruyéndola totalmente. Cayó al suelo en tantos
fragmentos como había estallado el corazón de aquella dolida y
hermosa mujer tras su violenta discusión con el cura que ahora yacía
oculto bajo el altar tras la furiosa explosión.
Pasarían
cientos de años,
casi 4 siglos, para que ese miedo y ese dolor volvieran a despertar,
para sanar la historia y el alma de unas cuantas personas. Lo que nos
parece un milenio a veces es solo una fracción de segundo en la
intrincada maraña del universo. Uno no sabe cuándo podrá
levantarse y mirarse en el espejo una mañana y descubrir que
aquellos ojos fueron los ojos de uno otro en otro tiempo, espacio y
lugar.
sábado, 19 de enero de 2013
FARAÓN
De cómo llegó a nuestras vidas Faraón se trata esta historia que nace hace miles de años en el antiguo, pero muy antiguo Egipto, donde sus gobernantes estaban muy cerca de la sabiduría y sus corazones se inclinaban hacia la bondad. Seti, hijo del faraón Nehput, era un jovenzuelo de apenas doce años, de extrema delgadez y de un carácter iracundo, maldiciente, rencoroso y cargado de dolor. La muerte de su madre al momento de nacer Seti, le generó un sentimiento de culpa y miedo que desarrollaron su personalidad desde el lado más oscuro de las emociones. No pudiendo trasladar esta ira a los humanos, dada la bondad de su padre, Seti descargaba todo su odio en los perros del reino. Solía castigar a estos y torturarlos hasta la muerte. Un día su padre lo mandó llamar a la cámara real. Con una tremenda dulzura en la voz le pidió perdón por no haber podido encaminar esas emociones negativas fuera de su alma. Le advirtió que todo ese odio y rencor que él estaba proyectando en esas inocentes criaturas le generarían un karma que mantendría suspendida su evolución por miles de años y que en cualquier momento, esa ira se volvería en su contra como balance natural del universo. Puso su mano sobre el hombre del pequeño y le besó con cariño en la frente: "me hubiese gustado estar más cerca de ti, pero ya has escogido tu camino y éste, finalmente, te alejará por mucho tiempo de mí. Estarás suspendido en el karma hasta que elijas al más pobre de los pobres, aquel que nace entre los que nada tienen y que se sostendrán sólo por la mano generosa de quienes los escogen; entre ellos estaré yo y volveré a ti sólo si decides por la generosidad del gesto no por darle placer al ego, sólo entonces me tendrás cerca otra vez". El odio del pequeño Seti no le permitió entender las palabras del sabio faraón y lo observó sin parpadear hasta que su padre abandonó el salón real. Dos años más tarde cuando Seti ya se alzaba en los 14, deambulando por el desierto fue atacado mortalmente por una jauría de perros salvajes. Se ensañaron tanto con él, como desquitándose por cada una de las vidas de sus hermanos que el jovenzuelo había arrebatado de este mundo. Casi fue imposible reconocerlo, sólo los restos de su vestimenta permitieron reconocer que se trataba del pequeño príncipe que acababa de quedar suspendido en ese karma que su padre le profetizara, sabiamente, hacía dos años. Y ahí, las arenas del tiempo, sellaron esta historia en las viejas tierras del antiguo Egipto.
Mi vida ha estado plagada de malas historias con los perros. Desde que era muy pequeñito, cuando tenía cerca de cuatro años, un can, al que quise acariciar, casi me arrancó la mano de un mordisco en la vieja plaza de Antofagasta. De ahí en adelante estos animales parecían olfatear mi pánico y me perseguían para morderme y casi siempre lo lograban y fui responsable por la muerte de varios de ellos también. Aún así, a pesar de toda esta historia de terror, cuando recuperé mi soltería (una vez más), se me instaló un deseo, un sueño en mi mente: tener mi departamento de soltero y un perro labrador como compañía, un estereotipo sacado de una teleserie de la época, como una estrategia para atraer mujeres cautivadas por el modelo. Mi terror por los canes, que solían atacarme, me impedía cumplir con ese sueño. Pasaron muchos años, tantos que ya ni me acordaba de ese sueño, de ese modelo. Mi vida de soltero terminó y no porque me hubiese vuelto a casar, mi hija maravillosa, decidió vivir con papá y tuvimos que agrandar el espacio, con ellos se esfumó el departamento de soltero y la vieja historia del labrador. Josefa ama a los animales y siempre me rogaba que la dejara tener un perrito. Yo me negaba no sólo por mi aversión a estos animales sino porque lo considero cruel, tener un perro en un departamento no es el escenario ideal para ellos. Hasta que un día, muy cerca del edificio, una vagabunda, una perra de la calle, de ojos lastimeros y de una profunda soledad, dio a luz tres cachorros, dos machos y una hembra; uno de los perritos no lo logró. En una de las visita que les hice, me quedé parado allí, junto a los cachorros y contemplé con cierta dulzura al macho sobreviviente; era gordo, cabezón, negro y con una mancha blanca en el pecho; lo que pasaría a continuación me sorprendió más a mí que al resto. Sin mediar ninguna acción lógica, sin justificación emocional, dije: "me llevaré al perrito, él necesita de un lugar ahora, una protección que estoy dispuesto a brindarle. No soy de tener mascotas, con suerte me hago cargo de mi, pero en este instante siento que el me necesita". Los ojos de alegría y la bella sonrisa de la chiquilla que se había propuesto proteger a la vagabunda y a sus cachorros, me hicieron sentir que estaba haciendo lo correcto. La cara de mi hija cuando le conté, me hizo sentir millonario. Así comenzó la espera. Debía dejar pasar un mes y medio para poder destetarlo y comenzar a criarlo en el departamento, brindándole toda la protección necesaria. Una noche cualquiera suena mi celular, era mi ex ofreciéndome un cachorro labrador; se me congeló el alma. Me mandó una foto para que lo conociera y la verdad que el sueño volvió, aquel del soltero acompañado por un labrador, volvió con toda la pasión a mi corazón, desplazando de él la imagen del callejero, del negrito aquel, el hijo de la vagabunda.
Suelo ir a trotar al cerro San Cristóbal, donde más de una vez fui mordido por los perros. Una mañana de sábado mientras subía, cai en una especie de trance después que uno de esos canes me asustara. Vi como ese animal y muchos más que comenzaron a aparecer detrás de los arbustos, se abalanzaban sobre mí y me atacaban ferozmente, despedazando, desgarrando mi piel y mi carne; claro que el escenario era distinto, era desierto, muy seco y muy intenso y a pesar de ello no sentía dolor alguno; todo se fue a negro y escuché una voz como un susurro que decía: "y volveré a ti si decides por la generosidad del gesto no por el placer de satisfacer el ego, sólo entonces me tendrás cerca otra vez". Volví en mi de un sobresalto, como si volviera a la tierra otra vez, con una claridad de conciencia que me permitió recordar toda mi existencia como Seti miles de años atrás; recordé al faraón y cómo le había extrañado en todo este tiempo al no tenerlo cerca de mis historias. bajé el cerro esa mañana con más certezas que nunca. El negrito, el callejero aquel, el hijo de la vagabunda se había instalado nuevamente en mi corazón, escogería aquel que nació entre los que nada tienen y que el labrador acompañaría a otro soltero en esta historia. ¡Al fin faraón había vuelto a mi! y yo había escalado un peldaño más en este largo camino de aprendizaje para el alma. Esa es la historia de cómo Faraón llegó a nuestras vidas para quedarse. El valor del gesto de ayudar al que más lo necesita es mayor que el valor de ayudarse sólo a sí mismo.
martes, 1 de enero de 2013
A PROPÓSITO DEL SISTEMA DE CREENCIAS
El otro día mi árbol amado y sagrado
me dijo lo siguiente: “Es cierto, si quieres cambiar tu realidad
sólo debes dejar de creer en aquello y botar esa corteza, pero algo
que no debes olvidar es que para deshacerte de ella primero ésta
tiene que secarse, lo que significa que cuando algo está seco es
porque ya no tiene vida como la conocemos. Deja de ser útil. Deja de
servir a tus propósitos. Ya no te sirve más, por eso estás
dispuesto a cambiarla. ¿Tu realidad te estorba? Entonces deja que
esta se “seque”, pierda la vida, muera y así podrás cambiar esa
“corteza” con facilidad.” Nuestros sistemas de Creencias son,
en alguna medida, nuestro “motor de existencia”, nuestra “razón
de vivir”, el “sentido” de la vida que hemos desarrollado, por
eso no estamos tan dispuesto a perderla. Entrégate a esa nueva
realidad que quieres para que la vieja muera. Depende de ti. Tú eres
DIOS. Si tratas de arrancar una corteza de un árbol que se está
desprendiendo de ellas, te será difícil, porque sólo el árbol
sabe cuando está preparado para deshacerse de ella. Sólo tú sabes
cuando estas preparado para el cambio. Para entender mejor esto deben leer el artículo ¿Quieres cambiar tu realidad?
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