lunes, 10 de febrero de 2014

El pueblo que murió, cuando falleció la cocinera.

La cocinera, desde siempre, se levantaba muy temprano y no molestaba a nadie del pueblo, quienes por lo general dormían hasta el borde de la mañana, cuando comienza a fundirse con la tarde. Otros salían a cumplir con algunas obligaciones de acuerdo a sus intereses. De cuando en vez, algunos aportaban para los comestibles, pero sólo de vez en cuando; pero al momento de sentarse a la mesa no faltaba ni una sola alma y se regocijaban con lo preparado por la siempre servicial y dispuesta cocinera. Luego de acabados los manjares, todos, sin excepción, se levantaban de sus sitios de vuelta, algunos, a sus labores y otros a reposar en sus habitaciones y ella se encargaba de levantar los platos y lavarlos y así dejarlos preparados para la cena al morir la tarde cuando regresaban las almas hambrientas a reunirse alrededor de los manjares. El rito se perpetuó por años, por muchos y muchos años.

El pueblo, todos familiares, de solo dos ramas desde donde se habían desprendido varios ramales, vieron cómo año tras año, la cocinera se sentía más agotada, más cansada, Cada vez le era más difícil conseguir los alimentos, tanto así que no era capaz de arrastrar sus pies para ir en su búsqueda; una que otra vecina de aquel pueblo de “favor” le traían algunos víveres que ella prepararía con el amor de siempre para su pueblo, el que puntualmente llegaría o se despertaría, para devorar los manjares, sin importarles cómo estos habían llegado a la mesa, a fin de cuentas, eso no les importaba, pronto volverían a sus espacios de intereses personales o de simple ocio. El tiempo continuó haciendo estragos en la bondadosa mujer.


Ninguno del pueblo desarrollo jamás aptitudes para la cocina, ni para conseguir los alimentos, ni escoger las mejores piezas de carnes, pescados o verduras; ninguno ¡jamás! se había convertido en su ayudante, o en el joven de los mandados. Así tampoco ninguno había sacado las cuentas para proveer los alimentos necesarios. El tiempo cumplió con su cometido y terminó por quitarle todas las fuerzas a esta esforzada mujer y así como se acabaron sus pasos, que arrastraba lastimosamente por la habitación, también desaparecieron los platos de la mesa.

Un día todos los comensales, como cualquier otro, parloteaban, discutían alrededor de aquella gran mesa;
otros venían integrándose despejándose la modorra que les provocaba el haber despertado recién. Tras mucho conversar, la cocinera no apareció jamás por la puerta de la cocina con los platos que ellos estaban dispuestos a devorar. Quedaron en silencio, esperado una respuesta a los gritos con los que llamaban a la mujer, pero no obtuvieron respuesta. Uno de los pobladores de la mesa, se levantó y se dirigió, por primera vez en su vida, en dirección a la cocina. Su alarido aterrorizó a los comensales. La cocinera había muerto sin haber sido capaz de preparar la merienda.


Con pesar la arrastraron hasta la mesa; la recostaron sobre ella, la desnudaron y comenzaron a devorarla con avidez. Luego de saciada su hambre, comenzaron a mirarse unos a otros preguntándose quién sería ahora capaz de cocinar, comprar los víveres, seleccionarlos , ir por ellos y administrar los recursos para que estos no faltaran y la respuesta fue una condena: ¡NADIE! Nunca pensaron que ella algún día moriría y jamás se acercaron a conocer su labor, a ayudarla en tan noble cometido… alimentar a su familia. Todos creyeron siempre que esa era su obligación.


Se quedaron sentados allí lamentándose de tan torpe actuación. De vez en cuando más de uno azotaba su cabeza contra la mesa recriminándose de haber creído que sólo en los hombros de aquella mujer descansaba el bienestar del pueblo. Se quedaron sentados allí tanto tiempo, que uno a uno de aquel pueblo, fueron muriendo, acompañando los huesos putrefactos de aquella mujer que les había servido como el último alimento de sus vidas. Vidas vacías de conocimientos, de saber actuar, de competencia, de saber resolver, decidir, administrar, escoger, liderar… vidas parásitas que al caer el álamo,obligadamente murió el Quitral.

sábado, 1 de febrero de 2014

CAMINO AL SOL




Y pedaleando
te fuiste en dirección al sol,
y vi tus cenizas esparcirse 
en la mente de un recuerdo olvidado.

Y pedaleando
buscabas otros puertos,
mientras yo estaba en al andén equivocado,
el de los pájaros que vuelan sin sentido.

La distancia achica las figuras,
las reduce hasta que se convierten 
en una sensación de un tiempo
que jamás existió.

Y entonces pedaleo hasta la nada,
esa que permite que todo exista,
y te entierro en su patio de cardos,
donde brotarás como el recuerdo de otro,
más allá de los mares.

Y pedaleo de regreso a mi todo,
ese que construyo de la nada,
y ya no vienes ni en mis brazos
ni en mi mente ni en mi Ser.

Solo traigo las cenizas 
de un recuerdo incinerado,
cuando pedaleaste en dirección al sol;
cenizas que pronto se las llevará el viento,
y entonces volverá la nada para construir lo nuevo,
con lo que otro sembró en su patio de cardos.


sábado, 18 de enero de 2014

LA MAGIA



No sé por qué la magia
se esconde en callejones oscuros,
y desciende camuflada
entre el ruido de la ciudad
y los grillos cantarines.
mientras tus labios rosan los míos
con una suavidad que no existe en este mundo.

No sé por qué la magia
me paraliza como a un niño
frente a una pompa de jabón,
temiendo el movimiento fatal
que rompa el encanto de su danza
en el viento de mis sueños perdidos
en un oscuro callejón 
que sólo ilumina tu brillo.

No sé por qué la magia
juega a las escondidas entre
el azabache de tu pelo y el calor de tus labios,
y se desliza entre tus piernas
avivando las llamas en las que arde mí deseo;
y en mis sueños te rapto 
y me convierto en tu príncipe
por ese beso que no quiero evitar robarte.

No sé por qué la magia
te trae a mí como el mar a las olas,
y luego te desvaneces tras la luz
de una luciérnaga borracha
que no sabe distinguir su rumbo,
entre las ramas de los Sauces llorones
que envuelven mi alma entumecida
y me acurrucan con manos de madre antigua.

No sé por qué la magia
se esconde en callejones oscuros
donde una calabaza se convierte en carruaje,
y mis lágrimas en dulces corceles blancos,
que lloran la inevitable tristeza de tu partida;
la de una dulce princesa de otro mundo
del que llegó un día, montando una caracola,
a las arenas de mi playa dormida,
entre árboles y rocas que suspiraban por una historia
que jamás se contaría.

La magia se esconde en callejones oscuros
porque tal vez... 
ya no creemos en ella.




jueves, 16 de enero de 2014

MUJER DE HUMO


A veces queremos que 
el humo sea llamas, fuego
y es sólo eso, humo...
indicio de tantas cosas diferentes.
Tal vez la más triste,
es que sea el amago de un fuego 
que no le alcanzó ni para cenizas.

A veces queremos que
el humo sea eterno, perenne,
pero es sólo eso, humo...
que se desvanece a la 
menor brisa, al menor suspiro,
porque no alcanzó a encender el pasto
 porque estaba demasiado seco 
y fue sólo el indicio de unas chispas.

A veces queremos que
el humo sea denso, sofocante
y entonces nos asfixia y nos ahoga
y consume todo el oxigeno
de cada uno de nuestros sueños,
de nuestras esperanzas y nostalgias
y entonces nos aturde y nos mata.

A veces queremos que
el humo sea disperso y diferente
y nos nos alcanzamos a dar cuenta
que el el humo somos nosotros.
El humo es ese Ser que soy yo
 reflejado en un otro,
y el humo entonces será tan sólo 
como yo lo permita.

Si no alcanzó ni para cenizas;
si fue eterno y perenne;
si fue denso y asfixiante,
y consumió cada uno de tus sueños
hasta aturdirte o matarte,
es por que así lo quisiste.


jueves, 9 de enero de 2014

MUJER AUSENTE


Es el no saber, 
es el no tener certeza lo que me cansa.
Es el transitar por laberintos oscuros,
tan oscuros donde nada parece moverse,
y cuando nada parece moverse, 
entonces es que está muerto... 

No me acostumbro 
 a verte partir, 
y al desgarro de mi pecho 
por un corazón que quiere irse contigo.

No me acostumbro al calor
que me hiela el alma
de un deseo olvidado
en un recuerdo perdido 
de dos almas que solían caminar juntas.

No me acostumbro
a dejar en mi boca 
tantas palabras locas
que hablan de promesas eternas
de amores infinitos, de sueños incumplidos
 que esperan tu respuesta.

No me acostumbro
al haber despertado soñando con tu cuerpo
con tu risa y con tu llanto 
y descubrir que no estás a mi lado.

Y es porque no me acostumbro a no tenerte.

domingo, 29 de diciembre de 2013

“RELATOS DE UNA DESDICHA”



Desdicha suena como una palabra muy antigua, y tal vez lo sea, porque desde antiguo los seres humanos nos hemos sentido más desdichados, más infelices. La desgracia de “acarrear” infortunios, y adicciones, “de acarrear herencias” que nos conducen a la destrucción, entonces nos transforma en tristes relatos de seres desdichados.

Por ejemplo, beber alcohol hasta la perdición es una desdicha y un camino fácil hacia la autodestrucción. Creo que sólo un borracho puede relatar su desgracia. Siempre he querido acercarme a estos hombres que yacen tirados en las calles con las miradas perdidas en horizontes perdidos, con la piel henchida de tanto alcohol consumido, pero me da miedo invadirlos, me da susto asustarlos, aunque suene tonto.


¿Por qué destruyes tu vida de esta manera? ¿Qué fue lo que te condujo hacia el abismo? ¿Qué te empujo a perder todo en la vida? ¿Sabes qué es perder todo en la vida?

Pero sólo un desdichado puede relatar su desdicha. ¿Quedará algún atisbo de qué es perder todo en la vida cuando ya no se recuerda lo que se tenía? Amores, proyectos, afectos, planes, ilusiones, pasiones, sueños, ganas, voluntad, esfuerzo, energía, todo aquello que va desapareciendo de la conciencia tras cada vaso de alcohol con el que se que comienza a construir la desdicha del infeliz. Todas y cada una de estas emociones pierden su sentido y que empiezan a desconectarse de la realidad y borrarse de la mente embotada de alcohol, donde la palabra hija, afecto o amor, ya no resisten un análisis cognitivo.
Un borracho se auto persuade; le da sentido emocional a nuevas cosas, como por ejemplo a que en ese estado etílico, él es más feliz, más extrovertido, más distendido, más cómico, más capaz; se auto convence que en ese estado nada lo podrá herir ¡Nunca más una mala palabra, una mala mirada o una emoción negativa, tendrán sentido para él porque ya nada le importa!

Dormirse a la vida es lo que sigue después de tanto alcohol; perderse de los proyectos y deseos, es cerrar con llave una habitación oscura, “cargado” de alcohol, el suficiente que te permita permanecer inconsciente a todas aquellas cosas que ya no tienen sentido para el infeliz. Cerrar con llave y dormir, que es lo más parecido a morir, a la autodestrucción del ser que vino a esta vida a vivir. Y despertar con el deseo de embotarte de nuevo, una vez más y otra vez y que nadie llame a aquella habitación oscura que conocemos como el inconsciente, ¡porque ya no amas a nadie! ¡Todos los que están detrás de aquella puerta son tus enemigos, representan de alguna u otra manera a todos quienes te han herido en la vida!


Nadie te puede sacar de allí, nadie te puede salvar si no lo hace tu propia conciencia y tu consciencia está demasiado perdida para salvarte ¿Por qué creen que alguien conduciendo borracho mata a alguien y es capaz de conducir de nuevo y de volver a matar? ¡Porque su conciencia no estaba allí!
¿Cómo se explican que el ridículo de la figura triste de un borracho perdido, la pueda repetir una y otra vez? ¡Porque su conciencia no está con él! Pobre y triste figura la del borracho quien es el único que puede relatar su desdicha. ¡Pobre y triste figura la del borracho que no encontró otro camino para apagar aquellas emociones negativas que inundar su inconsciente, lleno de dolor y de malas palabras, y de negras emociones, con ese alcohol barato, porque cada manera de destruirte es la manera barata de salir de la vida sin tener la suficiente fuerza y valor para suicidarte!

Pero no sólo el borracho no tiene conciencia… tampoco la tienes tú cuando lo hieres. Tú serás el espejo, donde se vuelva a reflejar la figura de su madre, de su padre, de su tío, de su hermano que le muestre una vez más cuánto duele… cuando te llaman ¡imbécil, estúpido!, cuando te dicen que eres "un bueno para nada" y entonces conectas en esta habitación, el inconsciente, todos estos cables de placer destructivo, al desamor, al dolor y al sufrimiento… ¡porqué así aprendiste a amar, porque así te amaron y porque así te estas y has estado amando… desde el desamor, el miedo, el dolor, el sufrimiento! Porque conectaste el principal cable de energía vital a una palabra muy parecida al amor… ¡lo conectaste al TEMOR!

¡Por eso, sólo puede relatar su desdicha…  el desdichado… porque cada uno de nosotros conoce el TEMOR desde donde vivimos nuestras miserias!

miércoles, 25 de diciembre de 2013

REGRESO A CASA



Qué buen regreso a casa!
Deje todos mis miedos
colgados en la punta de tus árboles
para que lo sol los queme tempranito
y se conviertan en cenizas;
dejé mis temores colgados en tus troncos
para que se los coman 
tus criaturas benditas.
Qué buen regreso a casa!
entre sinfonías de cantos y colores
de una naranja que decía adiós
mientras dejaba trazos de tiza infantil
tiñéndose de colores en el cielo.
Lo único que no te dejé mi cerro amado,
fue el dolor que me provoqué
con el puño de mi niño taimado.
Lo anduve buscando esta tarde entre tus arbustos,
pero se mantuvo escondido.
Qué buen regreso a casa!
Al menos sabe que lo ando buscando
para que repare todos los dolores sin sentido
que ha provocado con su puño de niño taimado.
Qué buen regreso a casa!
Con temores y miedos olvidados.